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Me llamo
barro aunque Miguel me llame.
Barro es
mi profesión y mi destino
que
mancha con su lengua cuanto lame.
Cuando quedan
pocas fechas para el Día de Todos los Santos, donde la muerte
adquiere su exaltación máxima, los versos de Miguel Hernández nos
recuerdan quienes somos y adonde vamos.
La muerte, lo
único que los seres humanos conocemos como cierto en nuestra
existencia, hace que alrededor de nuestro inefable destino se alce
toda una industria. Cuando muchos negocios han cerrado o están a
punto de cerrar por circunstancias económicas la industria funeraria
se mantiene.
La forma y el
lugar de los enterramientos ha variado a lo largo de la historia
como un elemento más, inherente a cada cultura, tradición o época
histórica. Los cementerios reflejan de un modo u otro su mundo, su
sociedad, de ahí su importancia e interés. Estos lugares sagrados,
que han llegado hasta nosotros, no sirven tan solo para el estudio
de la muerte sino también para el de la vida, ya que suponen la
expresión de un momento histórico, como ejemplo las pirámides de
Egipto, las catacumbas, los sarcófagos, las capillas funerarias o
los cementerios jardín, huellas del paso hacia la muerte pero, eso
sí, producto de muy diferentes creencias o intenciones.
En la cultura
clásica la vida y la muerte tenían espacios claramente
diferenciados. Las necrópolis se situaban fuera de las ciudades pero
no lejos, en lugares de paso, a lo largo de las carreteras evitando
el olvido de los antepasados y propiciando, a la vez, la seguridad
de estos espacios sagrados. Ésta cierta lejanía se hacia para evitar
el riesgo de contagio de enfermedades que podían emanar de estos
lugares infectos.
Este panorama
se vio alterado con el cambio de mentalidad y de creencias. Con la
llegada del cristianismo surgía la necesidad de inhumación cerca de
lugares sagrados. De esta forma surgen las catacumbas, cavidades
subterráneas en las cuales los cristianos perseguidos se hacían
enterrar lejos de las necrópolis paganas.
Cuando el
emperador Constantino proclamó el cristianismo religión oficial del
imperio en el año 323, la necesidad de enterramientos subterráneos
desaparece.
Se empiezan a
construir las primeras iglesias en superficie, y los cementerios
salen al exterior. Ya en la Edad Media había quedado delimitado por
la tradición el emplazamiento de las tumbas. Perpetuando a sus
antepasados, ahora se localizaban cercanos a conventos, junto a los
muros de las iglesias, monasterios o catedrales esperando con ello
una garantía de salvación al alma.
Precisamente
es en este momento cuando la vida y la muerte se unen en un mismo
espacio, las ciudades se convierten en un gran cementerio. Los
nobles y aristócratas se apresuraban a ocupar espacios relevantes en
el interior de los edificios religiosos, bien en capillas privadas,
criptas o bóvedas excavadas en muros y suelos.
Al resto de la
población se la enterraba en los terrenos adjuntos a los templos.
Esta situación
derivó a que la existencia de los cementerios fuera corresponsable
de focos de infección, como las grandes epidemias.
Con el
Concilio de Trento, se cambia la mentalidad, se condena el apego del
cuerpo a favor del alma. La religión no concedió tanta importancia a
la tumba lo que hizo que el cementerio perdiese relevancia en la
sensibilidad religiosa, adquiriendo una progresiva laicización.
Con el paso de
los años, los cementerios se ven relegados a lugares apartados.
En España el
gobierno de Carlos III, al igual que habían hecho otras capitales
europeas recabó informes sobre la insalubridad de los cementerios
intramuros, siendo promulgado por Real Cédula de 3 de abril de 1787
la prohibición de los enterramientos dentro de las ciudades,
ordenándose la construcción de los cementerios en los arrabales de
las ciudades.
Es en la
segunda mitad del siglo XIX cuando se comienzan a construir los
grandes cementerios y en torno a ellos toda una industria funeraria.
Por lo que
respecta a Alcalá de Henares, se puede decir sin temor a
equivocarnos que toda su ciudad está levantada sobre un gran
cementerio. Las excavaciones arqueológicas así lo han demostrado. Su
riqueza histórica hace que cualquier excavación que se realice en el
centro de la ciudad o en los asentamientos de antiguas
civilizaciones, los técnicos arqueológicos sean requeridos para el
control de la excavación. Los últimos restos han sido encontrados en
las obras de reacondicionamiento del centro de Gilitos.
En la
actualidad conviven en Alcalá de Henares, dos cementerios, el viejo
junto a la vía del ferrocarril, el cuál no recibe enterramientos, a
excepción de las sepulturas familiares en propiedad donde aún tengan
cabidas cuerpos, y el Cementerio Jardín, en la margen izquierda del
río Henares, junto al puente Zulema.
La muerte es
todavía un tema tabú para muchas personas, es un tema que se
prefiere pasar por alto, sin profundizar en el mismo. Cuando una
persona va a despedir a un ser querido, la mente se hace un sinfín
de preguntas de las que eres incapaz de obtener respuesta, algunas
las intuyes, otras quizás prefieres no conocerlas.
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Entrevista a.
Mercedes García Herreruela,
Gerente de nuestro Cementerio Jardín |
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Alcaladigital
ha querido romper esa especie de tabú con el mundo de los muertos y
su industria. ¿Qué ocurre con nuestro cuerpo una vez muerto? ¿Qué
media entre el instante del fallecimiento y el enterramiento o la
cremación?
Con
la inestimable colaboración de Mercedes García Herreruela, gerente
del Cementerio Jardín de Alcalá, hemos intentado dar respuesta a
algunos interrogantes.
Su ayuda nos
ha servido para conocer todo aquello que está lejos del gran
público, el otro mundo de los muertos.
¿Qué datos
ofrece actualmente el cementerio jardín?
El primer
enterramiento que se efectuó en el cementerio jardín de Alcalá de
Henares, data de junio de 1992, a partir de esa fecha y hasta el 30
de septiembre de 2010, el cementerio ha acogido 7.500 inhumaciones y
8.800 cremaciones.
En el año
2010, hasta el 30 de septiembre, el Cementerio Jardín ha efectuado
un total de 985 servicios, de los cuales 424 han sido cremaciones,
226 inhumaciones y 335 traslados.
El Cementerio
Jardín de Alcalá de Henares cuenta con una superficie de 351.000
metros cuadrados más un terreno disponible de ampliación de otros
299.500 metros cuadrados.
Datos
reveladores, donde la tendencia de las cremaciones es superior a las
inhumaciones, pero ¿cuál es el proceso de la cremación?
El proceso de
cremación dura tres horas, desde la introducción del féretro en
horno, hasta que se efectúa la entrega de las cenizas. El horno
lleva varias pautas, luego cuando las cenizas caen a la última
bandeja, pasan a un cremulador que es un aparato con unas bolas de
acero que trituran las cenizas hasta convertirlas en un polvo
similar a la harina, se depositan en una urna y se entregan a la
familia.
¿Cómo sabe
una familia que las cenizas que le entregan son las de su ser
querido?
"Dese hace un
año, el Cementerio Jardín introduce en el ataúd una placa de una
aleación especial que va rotulada y numerada, esa placa no se
destruye durante la cremación, sale junto con las cenizas que se
entregan, y coincide con la numeración que en la documentación se le
ha dado a la familia".
Cuándo se
efectúa una cremación, ¿se queman juntos el ataúd y el cuerpo?
"Se quema todo
junto, lo único que se quitan son los herrajes y todo tipo de
ornamentación. Otra cosa muy importante es que si la persona que hay
que incinerar es portadora de marcapasos, hay que extraerlo, ya que
es un riesgo para la integridad del horno".
Este
proceso, al igual que el acondicionamiento de los cadáveres ¿se
realiza en la sala de tanatopraxia del Cementerio Jardín?
"El proceso de
conservación y embalsamamiento tiene que ser realizado por un médico
forense, luego el acondicionamiento del cadáver, con el fin de que
esté presentable para la familia se realiza por el personal del
cementerio Jardín, son técnicos cualificados que formamos nosotros
mismo, ya que no existe universidad, ni estudios sobre el tema.
Es una
profesión por la que tiene que tener vocación, ya que no es muy
agradable, en algunos casos ha pasado de padres a hijos.
Tenemos una
plantilla que se siente gratificada por los familiares, que reconoce
su trabajo. Recibimos llamadas y correos electrónicos agradeciendo
la sensibilidad que se ha tenido, algo muy importante. Cuando una
persona pierde un ser querido, tienes que ser muy sensible y esto se
agradece".
Aparte de
los servicios funerarios correspondientes a la cremación e
inhumación, ¿qué otros servicios ofrece el cementerio jardín?
"Tenemos una
sala multiconfesional donde se ofrecen servicios religiosos. Todos
los días a las 10, 30 hay una misa gratuita para todos los difuntos
que están en ese momento en el tanatorio. También hacemos traslados,
e incluso se está poniendo de moda el despedir a un ser querido con
música".
¿En qué
consiste este servicio y cuál es su coste?
Cada vez son
más las personas que quieren despedir a sus seres queridos con
música, es un toque personal, el coste va en función del número de
músicos que actúen y se ofrece en la sala del velatorio, a partir de
150 o 200 euros.
¿Ha llegado
la crisis al mundo de los muertos?
"Aunque puede
parecer que no, también lo notamos, sobre todo en el tema de las
cremaciones, a partir del año 2002 han ido en aumento, son más
baratas que las inhumaciones. Incluso hay familias que no recogen
las cenizas y van a un depósito común".
¿Cuál es el
coste de un enterramiento?
"Hay para
todos los gustos y de todos los precios, somos el único cementerio
de la Comunidad de Madrid que vende en propiedad mediante escritura
pública, pasada por el Registro de la Propiedad, una sepultura para
cuatro cuerpos, revestida de granito ronda los 9.500 euros, de ahí
para abajo hay toda clase de precios. Luego tenemos los nichos que
son en alquiler durante cinco años. Dependiendo de la altura tienen
su costo. Las filas más cercanas al suelo tienen un precio más alto.
El Cementerio
Jardín ofrece diferentes opciones a la hora de elegir la unidad de
enterramiento. Nichos, con capacidad para un cuerpo, con altura de 1
a 5 filas. Sepulturas de 4, 6 y 8 cuerpos. Terrenos para panteones
familiares. Columbarios para cenizas y un depósito de ceniza
comunitario".
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Fusilados de la
Guerra Civil |
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Muchos
cementerios se han convertido más allá de ser un lugar de descanso,
en todo un símbolo de la historia de la ciudad donde se hallan
ubicados, ese es el caso del cementerio viejo de Alcalá de Henares,
una paseo entre sus sepulturas nos lleva al pasado y sobre todo a
conocer en algunos casos los dramas que ocasionaron el fallecimiento
de alguno de sus moradores. En su bien alineada arquitectura, donde
los majestuosos cipreses evocan su condición. Alcalá como plaza
fuerte militar que fue cuenta entre sus moradores en el cementerio
un lugar dedicado a todos aquellos que dieron su vida por España.
Mención especial, merece el lugar destinado a los soldados
fallecidos de la brigada paracaidista sea en acto de servicio o no.
El destino es el mismo, allí reposan desde su fundador, El
excelentísimo teniente general don Tomás Pallás, generales, jefes,
oficiales, suboficiales y tropa, todos caballeros legionarios
paracaidistas que comparten sepulturas. La hiedra y el paso del
tiempo hace casi imperceptible leer la historia de aquél oficial que
herido en 1924 en la guerra de África, fallecía meses después en el
Alcalá de su alma.
También las
consecuencias de la guerra civil ha dejado su huella en las lápidas,
como aquella en que debajo del nombre, deja todo un glosario de
intenciones "caído por Dios y España, asesinado por la horda en
Madrid, el 26 de agosto de 1936 a los 33 años de edad".
Pero el
cementerio recoge su mayor drama bajo las tapias en la zona oeste,
tumbas anónimas, donde yacen restos posiblemente de personas
fusiladas en ese lugar, y que unas descoloridas flores de plástico
nos indican su ubicación. Al lado de las mismas, otras lápidas
blancas con un listado de nombres bajo una cruz, nos informan de que
"sucumbieron el 17 de junio de 1940", por la fecha y lo escueto del
epitafio muestra el lugar de descanso de personas fusiladas tras la
guerra civil.
Y es que el
recorrido por el cementerio viejo de Alcalá es sobre todo un viaje
al pasado.
Pero antes de
llegar a nuestra última morada, el negocio de la muerte tiene detrás
toda una industria. A los pocos minutos de fallecer una persona, el
encargado de la funeraria es un gestor que se pone en contacto con
la familia. Suelen disponer de un despacho en los centros
sanitarios. Muchas familias tienen cubierto el entierro mediante
pólizas de seguros de decesos, en la mayoría de los casos el coste
pagado en vida suele ser superior al importe del entierro, motivo
por el que la Organización de Consumidores y Usuarios juzga caras
las primas que se pagan, alrededor de 150 euros anuales y aconsejan
pagar el entierro con los ahorros familiares o subscribir un seguro
de vida. Las nuevas generaciones van perdiendo poco a poco esta
práctica.
Una de las
compañías con más tradición en la Comunidad de Madrid, La Purísima
Concepción, ofrece de cobertura los siguientes conceptos:
Arca o féretro
estándar
Coche o
carroza fúnebre desde el lugar de fallecimiento hasta el de
enterramiento
Funda
protectora
Acondicionamiento sanitario
Tanatorio, en
el lugar de fallecimiento o en el entierro.
Atención
religiosa o Capilla Ardiente con los objetos usuales, crucifijo y
mortaja si procede.
Una corona de
flores de modelo medio
Dos coches de
acompañamiento de duelo de cuatro plazas para los familiares,
siempre que el entierro sea en el lugar de fallecimiento o se
efectúe en un lugar cuya distancia no supere los 30 kilómetros.
Inhumación y
unidad de enterramiento temporal correspondiente.
Gastos de
tramitación de expediente, así como gastos de inscripción en el
registro civil y derechos municipales y parroquiales.
En pólizas
antiguas y todavía vigentes, se ofrecía misa en San Francisco el
Grande, 100 recordatorios, inscripción de lápida y sepultura
perpetua, esto último desaparecido.
El coste de la
póliza para los recibos trimestrales es de 17,40 € y de 69,60 € al
año.
Pero, cuál es
el coste realmente de un entierro, si no se tiene una póliza de
decesos; pues todo va en función del bolsillo de la familia, los más
económicos pueden rondar entre los 2.000 euros, a partir de esa
cantidad es cuestión de echarle números, ya que en los entierros
puede haber fuertes diferencias entre provincias, ciudades e incluso
dentro de la misma población.
Féretro: las
mayores industrias funerarias se concentran en Galicia y en
Valencia, pueden ser artesanales y con maderas nobles o de
producción en serie. A partir de 660 € hasta los 6.000 €. Hay que
recordar que existen ataúdes específicos para incineración (más
económicos y de menor calidad), sin olvidar que hay que añadir el
coste de la urna para cenizas, a partir de 30 €, además de la
cantidad que cuesta la incineración entre 350 y 500 €.
Tanatorio: 325
€ la media, puede llegar hasta los 1.800
Coche fúnebre:
a partir de 145 €
Acondicionamiento del cadáver: unos 95 €
Corona: Desde
150 € hasta los 2.700 €
Servicio
religioso: unos75 €
Instalación de
mesa de firmas: unos 43 €
Gasto personal
de cementerio: a partir de 200 €
Esquela y
recordatorios: desde 70 € hasta 1200 €
Gastos
administrativos: obtención del certificado médico de defunción,
inscripción del fallecimiento en el registro civil, licencias de
enterramiento o incineración, de 200 a 300 €.
La Unión de
Consumidores de España recuerda a todos los usuarios el derecho que
tienen a recibir por escrito un presupuesto previo del sepelio donde
se especifiquen todos los servicios funerarios que le van a ofrecer
y cuánto vale cada uno de ellos. Tanto las empresas de servicios
funerarios como las floristerías deben contar con hojas de
reclamaciones a disposición de los consumidores y usuarios que las
necesiten.
Es sin duda un
negocio que mueve mucho dinero, y que en algunos casos no siempre se
actúa correctamente, el sector funerario es uno de los que más
denuncias acumulan en el Tribunal de la Competencia.
Esta situación
ha hecho que el Ministerio de Economía haya instado al Gobierno a
introducir más competencia en el sector funerario para que los
ciudadanos puedan elegir libremente operador y dispongan de mayor
información en materia de precios. Economía a instancias del
Congreso ha elaborado un informe en el que pide una nueva normativa
neutral para que funerarias públicas y privadas puedan operar en
igualdad de condiciones. El informe, que traspone la ley Ómnibus
sobre liberalización de servicios, constata que existen "trabas y
restricciones" que obstaculizan el libre funcionamiento del mercado,
así como problemas de información entre clientes y operadores.
Economía plantea que los ciudadanos puedan escoger libremente la
funeraria en el caso de que hayan contratado un seguro de decesos y
que no sean las compañías aseguradoras quienes impongan la compañía.
Ignacio
Sánchez
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