Madrid. Lunes 18 de octubre de 2010                                                                      
 
 

El negocio de la muerte en nuestros cementerios

 
     
 

 
 
 
 

Me llamo barro aunque Miguel me llame.

Barro es mi profesión y mi destino

que mancha con su lengua cuanto lame.

Cuando quedan pocas fechas para el Día de Todos los Santos, donde la muerte adquiere su exaltación máxima, los versos de Miguel Hernández nos recuerdan quienes somos y adonde vamos.

La muerte, lo único que los seres humanos conocemos como cierto en nuestra existencia, hace que alrededor de nuestro inefable destino se alce toda una industria. Cuando muchos negocios han cerrado o están a punto de cerrar por circunstancias económicas la industria funeraria se mantiene.

La forma y el lugar de los enterramientos ha variado a lo largo de la historia como un elemento más, inherente a cada cultura, tradición o época histórica. Los cementerios reflejan de un modo u otro su mundo, su sociedad, de ahí su importancia e interés. Estos lugares sagrados, que han llegado hasta nosotros, no sirven tan solo para el estudio de la muerte sino también para el de la vida, ya que suponen la expresión de un momento histórico, como ejemplo las pirámides de Egipto, las catacumbas, los sarcófagos, las capillas funerarias o los cementerios jardín, huellas del paso hacia la muerte pero, eso sí, producto de muy diferentes creencias o intenciones.

En la cultura clásica la vida y la muerte tenían espacios claramente diferenciados. Las necrópolis se situaban fuera de las ciudades pero no lejos, en lugares de paso, a lo largo de las carreteras evitando el olvido de los antepasados y propiciando, a la vez, la seguridad de estos espacios sagrados. Ésta cierta lejanía se hacia para evitar el riesgo de contagio de enfermedades que podían emanar de estos lugares infectos.

Este panorama se vio alterado con el cambio de mentalidad y de creencias. Con la llegada del cristianismo surgía la necesidad de inhumación cerca de lugares sagrados. De esta forma surgen las catacumbas, cavidades subterráneas en las cuales los cristianos perseguidos se hacían enterrar lejos de las necrópolis paganas.

Cuando el emperador Constantino proclamó el cristianismo religión oficial del imperio en el año 323, la necesidad de enterramientos subterráneos desaparece.

Se empiezan a construir las primeras iglesias en superficie, y los cementerios salen al exterior. Ya en la Edad Media había quedado delimitado por la tradición el emplazamiento de las tumbas. Perpetuando a sus antepasados, ahora se localizaban cercanos a conventos, junto a los muros de las iglesias, monasterios o catedrales esperando con ello una garantía de salvación al alma.

Precisamente es en este momento cuando la vida y la muerte se unen en un mismo espacio, las ciudades se convierten en un gran cementerio. Los nobles y aristócratas se apresuraban a ocupar espacios relevantes en el interior de los edificios religiosos, bien en capillas privadas, criptas o bóvedas excavadas en muros y suelos.

Al resto de la población se la enterraba en los terrenos adjuntos a los templos.

Esta situación derivó a que la existencia de los cementerios fuera corresponsable de focos de infección, como las grandes epidemias.

Con el Concilio de Trento, se cambia la mentalidad, se condena el apego del cuerpo a favor del alma. La religión no concedió tanta importancia a la tumba lo que hizo que el cementerio perdiese relevancia en la sensibilidad religiosa, adquiriendo una progresiva laicización.

Con el paso de los años, los cementerios se ven relegados a lugares apartados.

En España el gobierno de Carlos III, al igual que habían hecho otras capitales europeas recabó informes sobre la insalubridad de los cementerios intramuros, siendo promulgado por Real Cédula de 3 de abril de 1787 la prohibición de los enterramientos dentro de las ciudades, ordenándose la construcción de los cementerios en los arrabales de las ciudades.

Es en la segunda mitad del siglo XIX cuando se comienzan a construir los grandes cementerios y en torno a ellos toda una industria funeraria.

Por lo que respecta a Alcalá de Henares, se puede decir sin temor a equivocarnos que toda su ciudad está levantada sobre un gran cementerio. Las excavaciones arqueológicas así lo han demostrado. Su riqueza histórica hace que cualquier excavación que se realice en el centro de la ciudad o en los asentamientos de antiguas civilizaciones, los técnicos arqueológicos sean requeridos para el control de la excavación. Los últimos restos han sido encontrados en las obras de reacondicionamiento del centro de Gilitos.

 

 

En la actualidad conviven en Alcalá de Henares, dos cementerios, el viejo junto a la vía del ferrocarril, el cuál no recibe enterramientos, a excepción de las sepulturas familiares en propiedad donde aún tengan cabidas cuerpos, y el Cementerio Jardín, en la margen izquierda del río Henares, junto al puente Zulema.

La muerte es todavía un tema tabú para muchas personas, es un tema que se prefiere pasar por alto, sin profundizar en el mismo. Cuando una persona va a despedir a un ser querido, la mente se hace un sinfín de preguntas de las que eres incapaz de obtener respuesta, algunas las intuyes, otras quizás prefieres no conocerlas.

Entrevista a. Mercedes García Herreruela, Gerente de nuestro Cementerio Jardín

 

Alcaladigital ha querido romper esa especie de tabú con el mundo de los muertos y su industria. ¿Qué ocurre con nuestro cuerpo una vez muerto? ¿Qué media entre el instante del fallecimiento y el enterramiento o la cremación?

Con la inestimable colaboración de Mercedes García Herreruela, gerente del Cementerio Jardín de Alcalá, hemos intentado dar respuesta a algunos interrogantes.

Su ayuda nos ha servido para conocer todo aquello que está lejos del gran público, el otro mundo de los muertos.

¿Qué datos ofrece actualmente el cementerio jardín?

El primer enterramiento que se efectuó en el cementerio jardín de Alcalá de Henares, data de junio de 1992, a partir de esa fecha y hasta el 30 de septiembre de 2010, el cementerio ha acogido 7.500 inhumaciones y 8.800 cremaciones.

En el año 2010, hasta el 30 de septiembre, el Cementerio Jardín ha efectuado un total de 985 servicios, de los cuales 424 han sido cremaciones, 226 inhumaciones y 335 traslados.

El Cementerio Jardín de Alcalá de Henares cuenta con una superficie de 351.000 metros cuadrados más un terreno disponible de ampliación de otros 299.500 metros cuadrados.

Datos reveladores, donde la tendencia de las cremaciones es superior a las inhumaciones, pero ¿cuál es el proceso de la cremación?

El proceso de cremación dura tres horas, desde la introducción del féretro en horno, hasta que se efectúa la entrega de las cenizas. El horno lleva varias pautas, luego cuando las cenizas caen a la última bandeja, pasan a un cremulador que es un aparato con unas bolas de acero que trituran las cenizas hasta convertirlas en un polvo similar a la harina, se depositan en una urna y se entregan a la familia.

¿Cómo sabe una familia que las cenizas que le entregan son las de su ser querido?

"Dese hace un año, el Cementerio Jardín introduce en el ataúd una placa de una aleación especial que va rotulada y numerada, esa placa no se destruye durante la cremación, sale junto con las cenizas que se entregan, y coincide con la numeración que en la documentación se le ha dado a la familia".

 

Cuándo se efectúa una cremación, ¿se queman juntos el ataúd y el cuerpo?

"Se quema todo junto, lo único que se quitan son los herrajes y todo tipo de ornamentación. Otra cosa muy importante es que si la persona que hay que incinerar es portadora de marcapasos, hay que extraerlo, ya que es un riesgo para la integridad del horno".

 

Este proceso, al igual que el acondicionamiento de los cadáveres ¿se realiza en la sala de tanatopraxia del Cementerio Jardín?

"El proceso de conservación y embalsamamiento tiene que ser realizado por un médico forense, luego el acondicionamiento del cadáver, con el fin de que esté presentable para la familia se realiza por el personal del cementerio Jardín, son técnicos cualificados que formamos nosotros mismo, ya que no existe universidad, ni estudios sobre el tema.

Es una profesión por la que tiene que tener vocación, ya que no es muy agradable, en algunos casos ha pasado de padres a hijos.

Tenemos una plantilla que se siente gratificada por los familiares, que reconoce su trabajo. Recibimos llamadas y correos electrónicos agradeciendo la sensibilidad que se ha tenido, algo muy importante. Cuando una persona pierde un ser querido, tienes que ser muy sensible y esto se agradece".

Aparte de los servicios funerarios correspondientes a la cremación e inhumación, ¿qué otros servicios ofrece el cementerio jardín?

"Tenemos una sala multiconfesional donde se ofrecen servicios religiosos. Todos los días a las 10, 30 hay una misa gratuita para todos los difuntos que están en ese momento en el tanatorio. También hacemos traslados, e incluso se está poniendo de moda el despedir a un ser querido con música".

¿En qué consiste este servicio y cuál es su coste?

Cada vez son más las personas que quieren despedir a sus seres queridos con música, es un toque personal, el coste va en función del número de músicos que actúen y se ofrece en la sala del velatorio, a partir de 150 o 200 euros.

¿Ha llegado la crisis al mundo de los muertos?

"Aunque puede parecer que no, también lo notamos, sobre todo en el tema de las cremaciones, a partir del año 2002 han ido en aumento, son más baratas que las inhumaciones. Incluso hay familias que no recogen las cenizas y van a un depósito común".

¿Cuál es el coste de un enterramiento?

"Hay para todos los gustos y de todos los precios, somos el único cementerio de la Comunidad de Madrid que vende en propiedad mediante escritura pública, pasada por el Registro de la Propiedad, una sepultura para cuatro cuerpos, revestida de granito ronda los 9.500 euros, de ahí para abajo hay toda clase de precios. Luego tenemos los nichos que son en alquiler durante cinco años. Dependiendo de la altura tienen su costo. Las filas más cercanas al suelo tienen un precio más alto.

El Cementerio Jardín ofrece diferentes opciones a la hora de elegir la unidad de enterramiento. Nichos, con capacidad para un cuerpo, con altura de 1 a 5 filas. Sepulturas de 4, 6 y 8 cuerpos. Terrenos para panteones familiares. Columbarios para cenizas y un depósito de ceniza comunitario".

Fusilados de la Guerra Civil

Muchos cementerios se han convertido más allá de ser un lugar de descanso, en todo un símbolo de la historia de la ciudad donde se hallan ubicados, ese es el caso del cementerio viejo de Alcalá de Henares, una paseo entre sus sepulturas nos lleva al pasado y sobre todo a conocer en algunos casos los dramas que ocasionaron el fallecimiento de alguno de sus moradores. En su bien alineada arquitectura, donde los majestuosos cipreses evocan su condición. Alcalá como plaza fuerte militar que fue cuenta entre sus moradores en el cementerio un lugar dedicado a todos aquellos que dieron su vida por España. Mención especial, merece el lugar destinado a los soldados fallecidos de la brigada paracaidista sea en acto de servicio o no. El destino es el mismo, allí reposan desde su fundador, El excelentísimo teniente general don Tomás Pallás, generales, jefes, oficiales, suboficiales y tropa, todos caballeros legionarios paracaidistas que comparten sepulturas. La hiedra y el paso del tiempo hace casi imperceptible leer la historia de aquél oficial que herido en 1924 en la guerra de África, fallecía meses después en el Alcalá de su alma.

También las consecuencias de la guerra civil ha dejado su huella en las lápidas, como aquella en que debajo del nombre, deja todo un glosario de intenciones "caído por Dios y España, asesinado por la horda en Madrid, el 26 de agosto de 1936 a los 33 años de edad".

Pero el cementerio recoge su mayor drama bajo las tapias en la zona oeste, tumbas anónimas, donde yacen restos posiblemente de personas fusiladas en ese lugar, y que unas descoloridas flores de plástico nos indican su ubicación. Al lado de las mismas, otras lápidas blancas con un listado de nombres bajo una cruz, nos informan de que "sucumbieron el 17 de junio de 1940", por la fecha y lo escueto del epitafio muestra el lugar de descanso de personas fusiladas tras la guerra civil.

Y es que el recorrido por el cementerio viejo de Alcalá es sobre todo un viaje al pasado.

Los precios de la muerte

 

Pero antes de llegar a nuestra última morada, el negocio de la muerte tiene detrás toda una industria. A los pocos minutos de fallecer una persona, el encargado de la funeraria es un gestor que se pone en contacto con la familia. Suelen disponer de un despacho en los centros sanitarios. Muchas familias tienen cubierto el entierro mediante pólizas de seguros de decesos, en la mayoría de los casos el coste pagado en vida suele ser superior al importe del entierro, motivo por el que la Organización de Consumidores y Usuarios juzga caras las primas que se pagan, alrededor de 150 euros anuales y aconsejan pagar el entierro con los ahorros familiares o subscribir un seguro de vida. Las nuevas generaciones van perdiendo poco a poco esta práctica.

Una de las compañías con más tradición en la Comunidad de Madrid, La Purísima Concepción, ofrece de cobertura los siguientes conceptos:

Arca o féretro estándar

Coche o carroza fúnebre desde el lugar de fallecimiento hasta el de enterramiento

Funda protectora

Acondicionamiento sanitario

Tanatorio, en el lugar de fallecimiento o en el entierro.

Atención religiosa o Capilla Ardiente con los objetos usuales, crucifijo y mortaja si procede.

Una corona de flores de modelo medio

Dos coches de acompañamiento de duelo de cuatro plazas para los familiares, siempre que el entierro sea en el lugar de fallecimiento o se efectúe en un lugar cuya distancia no supere los 30 kilómetros.

Inhumación y unidad de enterramiento temporal correspondiente.

Gastos de tramitación de expediente, así como gastos de inscripción en el registro civil y derechos municipales y parroquiales.

En pólizas antiguas y todavía vigentes, se ofrecía misa en San Francisco el Grande, 100 recordatorios, inscripción de lápida y sepultura perpetua, esto último desaparecido.

El coste de la póliza para los recibos trimestrales es de 17,40 € y de 69,60 € al año.

 

Pero, cuál es el coste realmente de un entierro, si no se tiene una póliza de decesos; pues todo va en función del bolsillo de la familia, los más económicos pueden rondar entre los 2.000 euros, a partir de esa cantidad es cuestión de echarle números, ya que en los entierros puede haber fuertes diferencias entre provincias, ciudades e incluso dentro de la misma población.

Féretro: las mayores industrias funerarias se concentran en Galicia y en Valencia, pueden ser artesanales y con maderas nobles o de producción en serie. A partir de 660 € hasta los 6.000 €. Hay que recordar que existen ataúdes específicos para incineración (más económicos y de menor calidad), sin olvidar que hay que añadir el coste de la urna para cenizas, a partir de 30 €, además de la cantidad que cuesta la incineración entre 350 y 500 €.

Tanatorio: 325 € la media, puede llegar hasta los 1.800

Coche fúnebre: a partir de 145 €

Acondicionamiento del cadáver: unos 95 €

Corona: Desde 150 € hasta los 2.700 €

Servicio religioso: unos75 €

Instalación de mesa de firmas: unos 43 €

Gasto personal de cementerio: a partir de 200 €

Esquela y recordatorios: desde 70 € hasta 1200 €

Gastos administrativos: obtención del certificado médico de defunción, inscripción del fallecimiento en el registro civil, licencias de enterramiento o incineración, de 200 a 300 €.

La Unión de Consumidores de España recuerda a todos los usuarios el derecho que tienen a recibir por escrito un presupuesto previo del sepelio donde se especifiquen todos los servicios funerarios que le van a ofrecer y cuánto vale cada uno de ellos. Tanto las empresas de servicios funerarios como las floristerías deben contar con hojas de reclamaciones a disposición de los consumidores y usuarios que las necesiten.

Es sin duda un negocio que mueve mucho dinero, y que en algunos casos no siempre se actúa correctamente, el sector funerario es uno de los que más denuncias acumulan en el Tribunal de la Competencia.

Esta situación ha hecho que el Ministerio de Economía haya instado al Gobierno a introducir más competencia en el sector funerario para que los ciudadanos puedan elegir libremente operador y dispongan de mayor información en materia de precios. Economía a instancias del Congreso ha elaborado un informe en el que pide una nueva normativa neutral para que funerarias públicas y privadas puedan operar en igualdad de condiciones. El informe, que traspone la ley Ómnibus sobre liberalización de servicios, constata que existen "trabas y restricciones" que obstaculizan el libre funcionamiento del mercado, así como problemas de información entre clientes y operadores. Economía plantea que los ciudadanos puedan escoger libremente la funeraria en el caso de que hayan contratado un seguro de decesos y que no sean las compañías aseguradoras quienes impongan la compañía.

Ignacio Sánchez

 
 
 

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