Cuando en
1793, en un discurso efectuado por Henri
Grégoire de Tours. Obispo constitucional
de Blois, efectuado ante la Convención
acuñó el término de vandalismo asociando
los disturbios realizados por las tribus
bárbaras de las Vándalos, poco podía
preveer que con el transcurso de los
siglos este término se utilizaría
mayoritariamente para describir los
destrozos que en la mayoría de las
grandes ciudades efectúan grupos de
menores adolescentes sobre elementos
ornamentales y del mobiliario urbano.
Y es que
el objetivo por mera satisfacción es
privar de que el resto de la ciudadanía
pueda disfrutar de los medios que las
corporaciones municipales ponen a
disposición de los ciudadanos para una
mejor calidad de vida, aparte de los
daños estéticos producidos por pintadas
o graffitis.
Alcalá de
Henares, como gran ciudad no ha sido
ajena a estos actos vandálicos, sobre
todos ejecutados en las zonas más
alejadas del casco urbano. Estas
personas tienen muy claro cual es su
punto de mata, papeleras, bancos,
contenedores, luminarias, jardineras,
maceteros, zonas de juegos infantiles,
muros y vallas, todo un elenco de bienes
públicos o privados que quedan al margen
de este "modo de vida".
Y es que
desde que en mayo de 1968 los
estudiantes salieron de París,
convirtiendo la ciudad de las luces en
un campo de batalla, muchos individuos
fueron los que hicieron suya esa forma
de protestar, pero esa sintonía
desgraciadamente ha tenido su
continuidad en unas actuaciones que se
han convertido en una onerosa lacra para
las grandes ciudades.
Alcalá,
ciudad patrimonio de la Humanidad, se ha
convertido en algún momento en ciudad
patrimonio de la inmunidad o de la
suciedad.
En
algunos casos las distintas concejalías
se han visto desbordadas y con sus
presupuestos aligerados al destinar una
parte de sus recursos a paliar el daño
ocasionado por estos seres, que
encuentran una extraña satisfacción en
privar al resto de los vecinos de
elementos de la ciudad concebidos para
el disfrute general.
En Alcalá
se distinguen varias zonas que son
proclives a este tipo de actos. Los
aledaños de los colegios e institutos,
siendo en muchos casos estas
instalaciones educativas las que
frecuentemente son victimas en sus muros
de las pintadas o graffitis.
Aparte de
los destrozos interiores que se realizan
especialmente en los baños, pasillos y
aulas.
Los
parques y jardines, con singular
predilección por los que circunvalan el
centro urbano, barrios nuevos como la
Nueva Rinconada, el Ensanche o
Espartales, han visto sus vecinos como
fuentes, papeleras, farolas, señales de
tráfico y bancos entre otros elementos
del mobiliario urbano de un día a otro
desaparecen o quedan destrozados. Sin
olvidar el deterioro que se realiza en
los jardines, ya que árboles, plantas,
flores, fuentes, sistemas de riego por
goteo, aspersores son victimas de los
actos vandálicos.
Esta
situación es muy propia de los jóvenes
que se reúnen los fines de semana en
grupos para consumir bebidas alcohólicas
"el clásico botellón" y que aparte de
las zonas reseñadas, en la Plaza de la
Juventud, Camino de la Esgaravita, Paseo
del Val, antiguos molinos y riberas del
río Henares, constituyen toda una
agresión al medio.
En
algunos casos, barrios que han tenido
una mayor afluencia de personas
provenientes de zonas con un menor
desarrollo y con un bajo nivel educativo
y que ahora están soportando la llegada
masiva de inmigrantes de fuera de
nuestras fronteras están viendo como
algunos de sus descendientes ajenos a
cualquier sentimiento de integración y
de urbanidad han hecho de sus propios
barrios victimas de sus acciones, en
este caso el Polígono Puerta de Madrid,
representa un claro exponente de esta
situación.
Y es que
si la concejalía de Medio Ambiente, de
la que es titular Jesús Domínguez
Picazo, es la que sufre en sus arcas la
mayor parte de los destrozos del
vandalismo urbano, sin olvidar otras
concejalias como la de Urbanismo, que
debe dedicar una buena parte de su
presupuesto a restañar las heridas.
Porque el
coste de este vandalismo, aparte del
arreglo o la reposición del propio
mobiliario hay que sumar el coste del
pago a los funcionarios que lo realizan.
Al
despertar el alba es frecuente comprobar
los "efectos del botellón", en unas
zonas determinadas que salpican a través
del Ayuntamiento el coste a nuestros
bolsillos.
Especial
incidencia tienen estos costes cuando
determinados forofos de un equipo de
fútbol, saltan a la calle a celebrar las
hazañas de sus equipos, en este caso
fuentes ornamentales y jardinería se
llevan la peor parte, que en el caso de
Alcalá pueden ser mínimos si comparamos
con las celebraciones en otras ciudades,
cuando los denominados grupos ultra, se
apoderan de la calle y su violencia
aparte del vandalismo urbano va
propiciada contra los hinchas del equipo
contrario.
En este
caso que en Alcalá ha sido aislado, tuvo
su mayor auge la temporada que la R.S.D.
Alcalá estuvo inmersa en la fase de
ascenso a la categoría de plata del
fútbol español, y siempre por actitudes
y actividades realizadas por los hinchas
de los equipos visitantes.
En Alcalá
de Henares, el vandalismo supone para
las arcas municipales un montante de
entre 600.000 y 800.000 euros al año. La
ordenanza municipal de limpieza viaria y
residuos urbanos aprobada en el año 2007
por el pleno Municipal es la encargada
de regular la limpieza de las vías
públicas, la recogida de residuos, así
como la protección del mobiliario
urbano.
En este
aspecto existen infracciones que abarcan
un amplio espectro de infracciones
contra el medio ambiente, como pueden
ser, vertidos en la vía pública,
abandono de vehículos, realización de
trabajos mecánicos y estacionamiento en
zonas verdes.
Un lugar
que últimamente ha conocido las
consecuencias del vandalismo urbano, ha
sido el campus universitario, lo que ha
provocado que se cierre al tráfico de
vehículos en horas y días determinados.
En cuanto
al tema de las pintadas y grafitis el
Ayuntamiento está aplicando la Ley de
Medidas Urgentes de Modernización del
Gobierno y la Administración de la
Comunidad de Madrid que entró en vigor
en julio de 2007, estableciéndose en su
artículo 20, la prohibición de los
grafitis y pintadas en la vía pública
con el fin de proteger el paisaje urbano
y evitar la degradación arquitectónica.
Alcaladigital ha podido comprobar en
varios foros de Internet como los
grafiteros compiten entre ellos para
conseguir un máximo de "firmas" y daños
al patrimonio.
En
Alcalá, aparte de vallas y muros,
especial incidencia han tenido los actos
vandálicos efectuados sobre las estatuas
de Manuel Azaña, Isabel la Católica,
Cardenal Cisneros o Catalina de Aragón,
sin olvidarnos la propia estatua de
Cervantes, que más de una vez ha
aparecido sin su pluma.
Estos
actos vandálicos suponen un coste
adicional, ya que su restauración no lo
pueden efectuar obreros del parque de
servicios, sino profesionales
restauradores.
En cuanto
al coste para los autores de las
pintadas supone una multa de 300 a 3.000
euros para las infracciones leves y de
600 a 6.000 euros para las graves,
entendiéndose estas últimas como la
reiteración de faltas leves.
Importante ha sido también el descenso
en la vigilancia por parte de la policía
local de las zonas verdes, ya que se han
restado efectivos para reforzar la
seguridad.
En todo
caso cualquier agresión al medio
ambiente o actos vandálicos se puede
denunciar a través de la Concejalía de
Medio Ambiente o la policía local.
Ignacio
Sánchez