Las
nuevas generaciones de alcalaínos, la mayoría
importados de los más variopintos lugares de
origen, desconocen la historia de Alcalá de
Henares. Mientras que en otras ciudades y
pueblos, es asignatura obligatoria el
conocimiento de las raíces que han formado el
emplazamiento donde has decidido vivir, ya sea
por origen o por inmigración. Alcalá de Henares
constituye, todavía, hoy en día, una asignatura
demasiado pendiente.
Y
precisamente lo que estas nuevas generaciones
ignoran, es la importancia que Alcalá ha tenido
en la milenaria historia de España. Esta culpa
por otro lado había que repartirla, ya que
tampoco las diferentes y variopintas
corporaciones municipales han demostrado tener
el mínimo interés de poner al alcance de la
ciudadanía la creación de un museo de la ciudad,
y del ejército en particular.
Si
el potencial turístico de Alcalá se basa en
Cervantes, Cisneros y su Universidad, con sus
colegios mayores y menores, sus conventos y sus
órdenes religiosas, parece que tocar la
importancia que Alcalá ha tenido en la cuestión
militar sea tabú, en muchos casos se ignora y en
otros se menosprecia.
Y es
que Alcalá, hasta que la industrialización
llegó, olía a militar, y en muchos casos
apestaba.
Alcalá, vivía, bajo el olor del rancho, del heno
y de los excrementos de los caballos, del cuero
de los correajes, del sudor de personas y
animales, pero también del incienso de sus
iglesias y conventos. Alcalá era una ciudad
triste, gris, a la que ponía su punto de
bullicio la presencia del estamento militar,
Alcalá estaba concebida, para y por lo
castrense. Durante dos siglos se convirtió en
plaza militar de primer orden, y los militares
de Alcalá contribuyeron a llevar el nombre de
nuestra ciudad por los más variopintos y
exóticos lugares del mundo.
El
origen de los asentamientos militares en Alcalá,
han sido una constante en toda su historia,
romanos, visigodos, árabes, reyes cristianos,
hasta el Cardenal Cisneros tenía su propio
ejército, pero realmente una permanencia
indefinida solo comenzó a gestarse a inicios del
siglo XIX, los ejércitos que hasta entonces se
establecían en nuestra ciudad o estaban de paso
o como guarnición del Rey de turno que tomase
aposento en el Palacio Arzobispal.
Fue,
precisamente la decadencia de la Universidad y
con ella la de Alcalá, la que iba a abrir las
puertas de sus casas, colegios y conventos a las
instalaciones militares, más o menos
permanentes.
Nada
más comenzar el siglo XIX, Godoy había efectuado
una división provincial que llevó a Alcalá a
depender administrativamente de la provincia de
Madrid, hasta entonces dependía de Toledo, aún
así la relación jurídica y eclesiástica se
mantuvo unos años más, hasta que las Cortes de
Cádiz, al suprimir los señoríos terminó
definitivamente con la relación Alcalá-Toledo.
El
11 de julio de 1803, S.M. El Rey Carlos IV
promulgó una nueva Ordenanza del Real Cuerpo de
Ingenieros, redactada siguiendo la propuesta del
capitán general don José de Urrutia y de las
Casas, de la creación del Regimiento Real de
Zapadores Minadores, su instalación tuvo lugar
en el Colegio Máximo de Jesuitas, así como la
creación de la Academia de Ingenieros donde los
oficiales del Cuerpo recibiesen la información
necesaria para el desempeño de su servicio.
Para
sede de la Academia se eligieron los conventos
de San Basilio, de la Merced Calzada, y
Manriques. Para ello tuvieron que desalojar a
los frailes e instalarles a los del primero en
el Colegio de Aragón, a los del segundo en el de
Aragón y los terceros en el de Los Manchegos.
Según la nueva Ordenanza, el mando de la
Academia lo ejercía el coronel jefe del
Regimiento Real de Zapadores, inaugurándose esta
el 1 de septiembre de 1803.
Hasta el año 1808 salieron de la Academia de
Ingenieros, un total de 87 oficiales que con la
invasión francesa y posterior estallido de la
Guerra de la Independencia, tuvieron multitud de
vicisitudes.
Y es
que el Regimiento Real de Zapadores Minadores,
fue la primera unidad española organizada que,
con su bandera al frente, se levantó contra los
franceses.
Desde el 2 de mayo los ingenieros de Alcalá de
Henares supieron de deserciones numerosas, hasta
en grupos de cincuenta individuos, entre los
Regimientos de Guardias Españolas y Walonas y
otros cuerpos de guarnición en Madrid. Pero
hasta la fecha ninguna unidad había desertado de
forma organizada.
El
regimiento de Zapadores, por aquel entonces,
solo contaba con dos compañías en el
acuartelamiento, las otras ocho compañías
estaban agregadas a diferentes ejércitos en la
Península y en el ejército del marqués de Romana
en Dinamarca.
Las
dudas sobre la situación existente en España y
con el gobierno de la nación, hizo que tras
diversas discusiones, entre jefes, oficiales y
suboficiales, se tomase la decisión el día 24 de
mayo de 1808 a las doce de la noche de proclamar
su independencia contra Napoleón y sus
representantes.
La
columna se puso en marcha a tambor batiente, en
correcta formación con la bandera del primer
batallón desplegada. Se dirigieron por el puente
de piedra a Villalbilla, camino de Almonacid.
Seguían a la columna algunos carros y acémilas
que conducían la caja de caudales del
Regimiento, la munición, el resto del armamento
y las herramientas. A ellos se unieron más tarde
parte de los profesores y alumnos de la Academia
de Ingenieros, mientras otros se dirigían más
tarde a diversas plazas de España, con lo que la
Academia de Ingenieros quedó disuelta de hecho.
A
finales de junio de 1818, no llegaron hasta
Alcalá tropas francesas, su misión era la
requisa de armas de los civiles y hacer una
demostración de fuerza, instalándose en el
acuartelamiento dejado vació por el Regimiento
de Zapadores Minadores.
Tras
la victoria española en la batalla de Bailen,
los franceses se replegaron a la línea del Ebro.
Esta circunstancia fue aprovechada por el Duque
del Infantado para efectuar una recluta de
mozos. Quedando acuartelados en Alcalá, los
Voluntarios de Madrid, que habían tomado su
nombre del regimiento de Voluntarios de Estado,
algunos de cuyos hombres al mando del teniente
Jacinto Ruiz, se habían unido a artilleros y
paisanos en el cuartel de Monteleón en los
sucesos del 2 de mayo.
Tras
las victorias francesas de Gamonal y Espinosa de
los Monteros, los franceses se presentaron en
Alcalá el 3 de diciembre por la Puerta de
Madrid, infringiendo una severa derrota a la
escasa defensa alcalaína.
Las
tropas de Napoleón, se instalaron en el Palacio
Arzobispal y en el convento de las Bernardas,
cuyas monjas fueron expulsadas.
Hasta su evacuación definitiva en 1813, las
tropas francesas impusieron el régimen del
terror entre la población, dedicándose al saqueo
y pillaje, expolio y destrucción de iglesias y
conventos. Entre sus hazañas, la mutilación del
sepulcro del Cardenal Cisneros.
Cuando definitivamente Alcalá volvió a la
normalidad con la liberación de la ciudad por
las tropas de Juan Martín, El Empecinado
en la escaramuza del puente Zulema el 22 de mayo
de 1813. Las tropas españolas volvieron a
retornar a sus antiguos cuarteles.
El
de Zapadores a los jesuitas y la Academia de
Ingenieros a Basilios y colegios contiguos.
Alcalá seguía siendo una ciudad triste y
económicamente hundida.
Por
su parte la Universidad que había visto como un
decreto de las Cortes de Cádiz suprimía la
fundación cisneriana y creaba una Universidad
Central en Madrid, que por otra parte, resultaba
paradójico que el absolutista Fernando VII
dejara sin efecto tal disposición, había
adoptado una posición liberal, confraternizando
con la Academia de Ingenieros.
Tras
el pronunciamiento de Rafael de Riego, la
restauración de la Constitución de Cádiz fue
celebrada en Alcalá con gran solemnidad,
asistiendo los profesores y oficiales del
Regimiento Real de Ingenieros, precedidos de la
música de esta unidad, acompañados por el Rector
de la Universidad de Alcalá que les acompañó con
manto, beca y bonete.
El
breve período liberal terminó en 1823. Con
ocasión de la llegada de los Cien Mil Hijos
de San Luís al mando del duque de Angulema,
el 8 de abril de 1823 la Academia de Ingenieros
se trasladó a Granada, siendo posteriormente
disuelta por Real Orden de 27 de septiembre de
1823 y sus alumnos y profesores enviados a casa.
Tras
el traslado de la Universidad a Madrid y las
posteriores desamortizaciones, Alcalá perdería
peso y habitantes, convirtiéndose en un poblacho
viejo, triste y desvencijado.
Con
el acuerdo de las leyes y reglamentos
desamortizadores los edificios que se
consideraran necesarios para el Estado, podrían
ser solicitados por el mismo.
El
colegio de agonizantes, actual Ayuntamiento, que
fue utilizado por la Guardia Civil y Milicia
Nacional, en 1861, fue sede del Batallón
Provincial de Caballería hasta 1868.
Anteriormente en 1837, por disposición de la
Secretaría de Hacienda, el Estado cedía para
Depósito General de Caballería los conventos de
Jesuitas, San Diego, Santo Tomás y San Basilio.
En
1842 se creó en Alcalá el Establecimiento
Central de Instrucción de Caballería.
El
convento de Mínimos se convirtió en Hospital
Militar hasta 1971.
Los
conventos de San Diego y de San Bernardo, junto
al colegio de Santa Balbina fueron demolidos
para construir, el Cuartel del Príncipe de
Asturias y el de Lepanto.
El
Colegio Máximo de la Compañía de Jesús, se
convirtió en el cuartel de Mendigorría y por sus
estancias pasaron diferentes tipos de armas,
hasta finalizar su uso militar albergando a la
brigada paracaidista. El convento de San
Basilio, acogió tropas de caballería e
infantería, posteriormente fue remodelado para
transformarlo en parque de material de campaña,
con talleres para la reparación de vehículos
militares de Intendencia, anejo tenía un
hospital de ganado, que se mantuvo hasta 1960.
El
convento de Caracciolos, paso en 1856 a
convertirse en centro de Intendencia Militar.
En
la Trinidad Descalza, hasta hace bien poco fue
sede de la Comandancia Militar, habiendo sido,
sede del primer casino militar, escuela de
clases de tropa del Depósito Militar de
Caballería y posteriormente Archivo y Repuesto
General del Arma.
El
convento de la Merced Descalza en la calle
Empecinado, se utilizó como escuela de
equitación y en su iglesia fue habilitado un
picadero. Desde 1905 fue sede del Depósito de
Sementales, hasta su traslado a Ávila, hace
pocos años.
El
convento El Carmen Calzado fue sede de caja de
reclutas y cuartel para tropas de reserva.
La
desdichada historia de Alcalá en el siglo XIX,
con el traslado de la Universidad a Madrid, deja
a nuestra ciudad en 1842 con 834 vecinos.
Esteban Azaña, en su historia de Alcalá lo
relata perfectamente:
El
estado de la ruina de Alcalá, en cuyas calles
crecía la hierba como en el campo, cuyo sombrío
y triste aspecto, al que contribuían la soledad
de sus edificios, daban a la ciudad el tiente de
un pueblo encantado; por doquiera ruinas, por
doquiera edificios abandonados y casas
deshabitadas, hacía predecir la despoblación de
Alcalá, o cuanto
menos su reducción a la extensión de una pequeña
villa, y hasta el plañir de las campanas de su
iglesia Magistral parecía a los habitantes de
aquellos días, sonar tristes y quejumbrosas ante
desdicha tanta. La hora de la destrucción de la
ciudad ilustre, del pueblo histórico, del que
fue la complacencia de Cisneros, parecía haber
sonado el reloj de los tiempos.
No
sabemos si en ese censo estaría los militares
integrados en la guarnición de la plaza,
suponemos que no, dado el volumen de fuerzas
existente.
Si
bien Alcalá de Henares había alojado a la
Academia de Ingenieros, el Arma de Artillería
también iba a tener su sede en nuestra ciudad,
el colegio de Artillería fue establecido en los
edificios del Colegio de San Ciriaco y Paula,
junto con el colegio de los Manriques. Tras
importantes reformas, las clases dieron comienzo
en enero de 1830. En esta situación, se aprobó
como dato curioso, el único Reglamento del Real
Colegio de Artillería en el cual se cita que "los
oficiales de las compañías de Caballeros
Cadetes, vivirán precisamente dentro del Colegio
y no podrán ser casados, ni viudos con hijos".
Como
Alcalá dada su guarnición militar, entraba en
todas las posibles confrontaciones que se iban a
desarrolla en los próximos tiempos, la primera
sería la Guerra Carlista, con la amenaza de la
ciudad por parte del General carlista Gómez, e
incluso con el pretendiente más tarde. Esta
situación hizo que el general Espartero acampase
en Alcalá veinte batallones de infantería y doce
escuadrones de caballería.
Alcalá fue fortificada, y el día 6 de agosto se
ordenó el traslado de la Academia de Artillería
a Madrid.
Los
carlistas al mando del General Cabrera, entraron
en Guadalajara el 17 de septiembre de 1837,
descendiendo en dirección a Alcalá. Espartero se
hizo fuerte en el puente Zulema, y las tropas
carlistas decidieron desplegarse hacia Sacedón,
con lo cuál Alcalá quedaba completamente al
margen de cualquier asedio, aún así la ciudad
permaneció durante algún tiempo con una fuerte
guarnición militar, en Jesuitas el Regimiento de
caballería de Borbón, y en el de San Diego,
Húsares de la Princesa y Milicia Nacional.
A
mediados del siglo XIX con la estancia, ya
permanente de diferentes regimientos en nuestra
ciudad, estos se vieron salpicados por los
diferentes golpes de Estado que acaecieron en la
España "romántica".
Después de 10 años de gobiernos conservadores,
en 1854 llegaron los liberales al poder, en
Alcalá se reunieron O´Donell, Dulce, Ros de
Olano y Mesina, que con las tropas de Alcalá
marcharon hacía Madrid para enfrentarse a las
tropas del gobierno en Vicálvaro, que pertenecía
al partido judicial de Alcalá.
Años
más tarde cuando "La Gloriosa", en 1868, el
general Prim, no descansó hasta que logró
sublevar a la guarnición de Alcalá.
Alcalá de Henares, si antes había sido una
Ciudad Universitaria, ahora se había convertido
en una ciudad cuartel.
De
ello nos da fe, Elías Zerolo en su Diccionario
Enciclopédico de la Lengua Castellana.
"De
Alcalá puede decirse hoy, que es una colonia
militar. En diferentes formas ha tenido varios
establecimientos de instrucción del arma de
Caballería, el Colegio de Cadetes de esta arma
al separarse del Colegio general militar. En
este concepto ha tenido importancia en los
movimientos políticos-militares de España. De
allí salieron los regimientos de caballería que
a las órdenes de los generales O´Donell y Dulce
hicieron la revolución de 1854, y en el
movimiento republicano del 19 de septiembre de
1886, un tren insurrecto con una escolta del
regimiento infantería de Garellano, salió de
Madrid y llegó a Alcalá de Henares, conducido
por un jefe del ejército."
Tampoco deberíamos olvidar los alcalaínos, el
paso efímero por nuestra ciudad de la Academia
de Caballería, creada por una Real Orden en
1850, situada en el colegio de San Ildefonso,
tras la desamortización, y cedido el edificio
por la sociedad de Condueños, apenas tuvo
recorrido, en 1852 fue trasladada a Valladolid.
La
importancia de los regimientos de caballería
asentados en los cuarteles de Alcalá,
constituían la propia vida de la ciudad, ya que
muchos alcalaínos veían una fuente de ingresos
su asistencia a las fuerzas armadas, aparte
estas estaban complementadas con algunas
unidades de infantería, axial como de artillería
e ingenieros.
Esta
situación se iba a mantener hasta bien entrado
el siglo XX, precisamente hasta la reforma
efectuada por Manuel Azaña, ministro de la
Guerra por aquel entonces.
Que
sepamos, a comienzos del siglo XX, Alcalá
contaba con el Gobierno Militar, La Jefatura de
la segunda Brigada de la División de Caballería,
Servicios Administrativos Militares, un hospital
militar, el Regimiento de Cazadores de
Caballería María Cristina, el 27º de Caballería
y el Repuesto General del Arma, los batallones
de Cazadores de Infantería de Ciudad Rodrigo,
Arapiles y Llerena.
De
esta presencia militar siempre se ha beneficiado
Alcalá, ya que las autoridades castrenses
siempre han estado abiertas al llamamiento de
las autoridades civiles para su participación en
cualquier acto, sea civil o religioso.
Pero
el siglo XX iba a desarrollar otro arma, muy
vinculado desde sus inicios a nuestra Ciudad, la
Aviación.
En
junio de 1913, el ayuntamiento de Alcalá de
Henares, cedía al Ministerio de la Guerra, unos
terrenos situados en el Campo del Ángel, donde
la Caballería hiciera sus maniobras.
El 1
de septiembre de 1913, su jefe, el capitán
Alfonso Bayo Lucía, realizaba el vuelo inaugural
pilotando un biplano Barman, comenzando así la
apertura del aeródromo como escuela de pilotos,
aunque hasta el 22 de octubre de 1914, no
tendría su verdadera solución a la Escuela, con
la ampliación de la pista de prácticas de las
fuerzas militares de Caballería, y la
construcción de alojamientos para los alumnos.
Las
dimensiones del aeródromo según el Atlas de
los Aeródromos de España, editada en tiempos
de la II República eran de 700 metros de
longitud por 600 de anchura.
Se
da la circunstancia que el terreno alternaba los
ejercicios de Caballería, con el despegue y
aterrizaje de aviones. Sus instalaciones en un
principio contaban con dos hangares, taller de
reparaciones y un barracón para alojamiento de
pilotos.
Cuando en 1925 la enseñanza de pilotos pasó a
escuelas civiles, Alcalá quedó como la única
escuela militar. En 1926 pasó a ser Escuela de
Vuelo Elemental de Pilotos Aviadores, compartido
con Guadalajara, pero ya en ese año la evolución
de la aviación había hecho que las instalaciones
del Campo del Ángel, se quedasen obsoletas,
iniciándose todo un proceso entre las
autoridades militares y municipales para la
ubicación de un nuevo aeródromo, teniendo que
expresar el propio Manuel Azaña su interés en
que la infraestructura aeronáutica se realizase
en Alcalá, al estar interesadas otras
localidades, y no tener el ayuntamiento
complutense especial interés de realizar las
expropiaciones forzosas a los propietarios de
los terrenos.
Los
terrenos elegidos por los Mandos Militares eran
los sitios de La Hembra y La Higuerilla, en la
carretera de Alcalá a Meco, con una extensión de
130 hectáreas.
Según el Atlas antes citado tendría unas
dimensiones de 1.380 metros de longitud por
1.060 de ancho. Con la llegada de la II
república y posterior guerra civil, el aeródromo
de Alcalá iba a conocer su momento de mayor
actividad, por su escuela habían pasado los
grandes pilotos de uno y otro bando.
Por
otro lado, la reforma de Azaña supuso para
Alcalá la desaparición del Depósito de
Sementales, de la Caja de Reclutas, y del
batallón de Cazadores de Lanzarote. Se creó la
1ª Brigada de Caballería, compuesta de dos
regimientos.
Alcalá por su enclave estratégico, cercano a
Madrid, se convirtió en la principal reserva del
Ejército del Centro durante la guerra civil.
Abortado por la llegada de la columna del
coronel Puigdendolas el alzamiento de los jefes
y oficiales alcalaínos. El 18 de octubre de 1836
se formaron las primeras seis brigadas mixtas
del ejército popular, quedando la situada en
Alcalá de Henares al mando del comunista Enrique
Líster, designando el general Miaja a la ciudad
como sede de la fuerza de reserva de Madrid.
Por
aquella época estuvo en Alcalá el poeta Miguel
Hernández, integrante el batallón del Campesino,
personaje especialmente odiado por la población
alcalaína, dados sus continuos excesos.
Situado en Alcalá el Cuartel General del
Ejército del Centro, a su mando estaba el
general Pozas, sustituido en el mando por el
propio general Miaja, en desacuerdo con la
dirección de las operaciones en la batalla del
Jarama.
Alcalá durante el transcurso de la guerra,
seguía siendo centro neurálgico de llegada de
tropas. Militares y políticos soviéticos se
asentaron en nuestra ciudad, que vio como
llegaban las mejores y más modernos máquinas de
matar conocidas hasta el momento.
Los
carros de combate T-26, tenían su maestranza en
la fábrica de Forjas, y al aeródromo Barberán y
Collar, llegaban los flamantes Polikarpov I-15 e
I 16.
El
17 de noviembre de 1937, Manuel Azaña, junto con
el presidente del Gobierno Juan Negrín,
Indalecio Prieto y el General Miaja, pasa por
Alcalá para revistar las tropas de "El
Campesino", Según escribe en su diario
Manuel Azaña.
..."En la plaza un jefe, con muy elegante
uniforme, se me acerca, se cuadra, y
derramándosele por la barba una sonrisa
meliflua: "Forman siete mil quinientos", dice.
Era El Campesino. La mitad de su división ocupa
la plaza, en dos masas... Revista. El aspecto de
la tropa es muy bueno, cien veces mejor que el
de las revistadas en Vicálvaro. Se lo hago notar
al general Miaja. "Es la mejor división del
ejército", dice muy satisfecho El Campesino, que
me ha oído"...
El
golpe de estado del coronel Casado, hizo que se
produjeran fuertes enfrentamientos entre las
tropas leales al Consejo de Defensa y los
comunistas, que quería alargar el conflicto,
precisamente las fuerzas comunistas procedentes
de Alcalá pusieron en serios apuros a Casado,
que solo vio la luz cuando procedentes de
Guadalajara llegaron las tropas de Cipriano
Mera.
15.000 comunistas quedaron presos en el
Manicomio, hasta la llegada de las tropas
vencedoras.
Tras
la llegada del régimen del general Franco,
Alcalá no perdió su condición militar,
establecieron nuevos lazos de cooperación entre
las autoridades militares y civiles
En
1941 se estableció otra vez el Depósito de
Sementales y las instalaciones del Manicomio,
que nunca funcionó como tal, se vieron envueltas
en el proyecto de crear la Academia General del
Aire, instalada finalmente en San Javier.
Pero
si durante dos siglos, Alcalá fue cuna y establo
de los mejores ejércitos de Caballería, que en
todos los lugares en los que participó llevó
siempre por delante el nombre de nuestra ciudad,
otro cuerpo emblemático iba a "aterrizar", y
nunca mejor expresado en nuestra ciudad.
En
marzo de 1946 fue fundada por decreto la
creación de una unidad de paracaidistas. En
septiembre llegaron los primeros jefes y
oficiales a instalarse en los edificios
destinados a albergar La Academia General del
Aire, pero estos en fase de construcción,
ofrecían una situación precaria.
El
13 de enero de 1947 se denominó Primera Bandera
de Paracaidistas, trasladándose a Cuatro Vientos
que contaba con mejores instalaciones. Después
en Alcantarilla se creaba la escuela de
paracaidismo.
En
1948 los paracaidistas de aviación volvieron a
Alcalá, instalándose en los edificios concluidos
para albergar inicialmente la Academia.
En
1953, se cambio la denominación por la de primer
escuadrón de Paracaidistas.
En
1958, Alcalá contaba con los regimientos de
caballería de Santiago, Calatrava y
Villaviciosa, el depósito de sementales; el
Regimiento de Infantería Covadonga, la bandera
paracaidista, un destacamento de artillería en
los polvorines del Viso, un batallón Mixto de
Ingenieros, cuerpos auxiliares de Farmacia e
Intendencia y perteneciendo al Ejército del
Aire, un ala de reconocimiento y los
paracaidistas de Aviación.
Las
fuerzas de caballería que tan vinculadas han
estado a la historia de Alcalá, y cuyo último
asentamiento en los terrenos y edificios del
Manicomio han dejado la perpetua memoria de su
presencia en el nombre del cuartel, el coronel
Fernando Primo de Rivera, heroicamente muerto en
África, al mando del regimiento de caballería
Alcántara, dejaron paso en 1966 al Centro de
Instrucción de Reclutas nº 2.
Por
otra parte el año 1965, veía como erradicado el
aeródromo de Alcalá, al establecerse en Torrejón
de Ardoz uno mas grande y más moderno, acorde a
las peticiones de los EEUU en sus acuerdos con
el gobierno Español.
Pero
si una unidad ha estado especialmente
relacionada con la vida de Alcalá en los últimos
años ha sido la Brigada Paracaidista, que desde
su fundación hasta el traslado al
acuartelamiento de Paracuellos, ha visto como
sus uniformes verdes se integraban en el paisaje
de la ciudad.
La
creación de las Fuerzas Paracaidistas del
Ejército de Tierra español se remonta al 17 de
octubre de 1953, siendo Ministro de la Guerra,
el general Muñoz Grandes.
Se
le encomienda la misión al ilustrísimo señor
comandante don Tomás Pallás Sierra, que junto a
8 oficiales, 12 suboficiales y 149 de tropa
formarán el primer curso de paracaidista, nace
la I Bandera Paracaidista y recibe el nombre de
"Roger de Flor", en memoria del caudillo
almogávar al servicio de la Corona de Aragón
durante el siglo XV.
Después de varias semanas de entrenamiento, el
23 de febrero de 1954 se realiza el primer salto
en paracaídas del Ejército de Tierra, desde
aviones Junker y Savoia, utilizándose paracaídas
modelo T-6.
El
día 16 de marzo finaliza el curso y el 18
reciben los preciados "roquisquis" en un acto
presidido por el capitán general de la II Región
Militar.
En
el mes de enero de 1956 se crea la Agrupación de
Banderas Paracaidistas, siendo designado como
jefe de la misma el teniente coronel de
infantería don Ignacio Crespo del Castillo y se
inicia la organización de la II Bandera, que
toma el nombre de "Roger de Lauria".
El 3
de julio se desarrollan acontecimientos que
condicionaron la actuación de estas fuerzas, el
Ejército de Liberación marroquí que había
participado en la independencia contra los
franceses, se integra en el Ejército Real, a
excepción de los grupos más extremistas que se
negaron, decidió entonces el Gobierno de Rabat
enviarlos al sur para potenciar las
reivindicaciones territoriales de Mohamed V.
La
agresión que fueron objeto las provincias
africanas en el año 1957 permite contrastar la
valía real de las nuevas Unidades. El "bautismo
de fuego" se produce el 16 de agosto de aquel
mismo año en TIGUISIT IGURRAMEN.
La
guerra comienza realmente al amanecer del 23 de
noviembre, con las operaciones de Palmera,
Pañuelo, Netol, Gento, Diana, Siroco y Pegaso,
esta operación dio lugar al segundo y último
salto de guerra sobre Ercunt.
En
estas operaciones perdieron la vida una
treintena de paracaidistas entre oficiales y
Caballeros Legionarios Paracaidistas.
La
III Bandera de Paracaidistas se crea en 1960
sobre la base de 230 paracaidistas de la Primera
Bandera (1ª y 2ª Cia,s), es bautizada con el
nombre de "Ortiz de Zárate", en memoria del
teniente de la 6ª Compañía muerto en Ifni.
En
marzo de 1961 un grupo de técnicos civiles
dedicados a las prospecciones petrolíferas del
Sahara son secuestrados por bandas
descontroladas, comienza "el conflicto de los
petrolitos". Se traslada la II Bandera hasta la
ciudad de Smara, mientras se toman posiciones y
se organiza su actuación es trasladada la I
Bandera hasta El Aiún. Las dos unidades
paracaidistas colaboran con La Legión y las
Tropas Nómadas con una presencia ágil,
discontinua y disuasoria que hacen que el
territorio recupere su normalidad, finalizada
esta etapa las tres Banderas sufrirán rotaciones
continuas entre la Península, Canarias y el
Sahara.
En
septiembre de 1961 se crea en Murcia la Unidad
de Depósito e Instrucción Paracaidista bajo el
mando del capitán Calvo Fernández.
En
febrero de 1965 se organiza la Brigada
Paracaidista del Ejército de Tierra. Toma como
base y núcleo las tres Banderas ya existentes,
integra en ellas elementos de todas las armas
combatientes, así como los órganos de Servicios,
que garantizan un apoyo logístico autónomo.
El
14 de febrero de 1968 se concede a la Unidad la
Enseña Nacional, que será entregada el 2 de mayo
por el alcalde de Alcalá de Henares en un
solemne acto que contó con la presencia de los
Príncipes de España.
En
1972 durante los incidentes que desembocaron en
la entrega por parte de España de los
territorios del Sahara y que finalizan con la
llamada "Marcha Verde", es atacado el puesto de
Hausa, guarnecido por una unidad de la III BPAC,
resultando muerto el cabo 1 ª Ibarz Catalán.
En
1991 la I Bandera paracaidista participa en la
operación A/K en ayuda del pueblo de Kosovo.
En
1993, la AGT Madrid, creada sobre la base de la
BRIPAC permanecerá en Bosnia y Herzegovina, bajo
el auspicio de Naciones Unidas.
La
Brigada vuelve a los territorios de la antigua
Yugoslavia en mayo de 1996 formando el grueso de
SPABRI II, bajo mandato de naciones Unidas
formando parte de IFOR (Fuerza de Implementación
de Paz), contribuyendo al esfuerzo de conseguir
la paz en estas tierras balcánicas.
Permaneciendo hasta diciembre de ese mismo año.
En
1999 La Brigada paracaidista realiza su última
misión en BiH formado SPABRI X.
En
el año 2000, la III Bandera paracaidista y la
Uzapac VI formó el grueso de KSPABAT II y KUING
II, en Kosovo, formando parte de la Brigada
Multinacional Italiana.
De
septiembre de 2.001 a marzo de 2.002 la II BPAC
y UZAPAC volvió a Kosovo.
Tras
la supresión del C.I.R. nº 2 en 1980, diversas
unidades de la Brigada se trasladaron al
acuartelamiento Primo de Rivera abandonando los
cuarteles de Mendigorría y Trinitarios,
manteniéndose en los cuarteles del Príncipe y
Lepanto.
Una
vez finalizada la construcción del nuevo
acuartelamiento de Paracuellos, abandonaron
estos cuarteles, siendo cedidos a la
Universidad, estando actualmente en fase de
reconstrucción.
En
cuanto al acuartelamiento Primo de Rivera, una
vez desalojados los últimos paracaidistas, La
III Bandera Ortiz de Zárate fue trasladada a
Murcia, el centro está en fase de remodelación y
acondicionamiento, ya que si se esperaba que
Alcalá definitivamente dejase la presencia
militar, un reciente decreto del Ministerio de
Defensa de 5 de enero de 2009, modifica la
estructura orgánica y despliegue de la Fuerza
del Ejército de Tierra, de la Armada y del
Ejército del Aire, así como la Unidad de
Emergencias.
Esta
nueva organización y despliegue acorde a lo
establecido en la Orden Ministerial 114/2006 de
18 de septiembre, estable que en Alcalá de
Henares se sitúe el Cuartel General de Las
Fuerzas Ligeras, dentro del Cuartel General
Terrestre de Alta Disponibilidad, así como el
Regimiento de Transmisiones.
Su
base será el acuartelamiento Primo de Rivera.
Habría que destacar, que el acantonamiento
durante más de dos siglos de tropas en Alcalá,
nos han ofrecido, su casino, su farmacia, su
hospital, su residencia de oficiales, de
suboficiales, su hípica y sobre todo la
conservación de antiguos colegios y conventos
que después de las diferentes desamortizaciones
habrían podido quedar en la ruina y en el
olvido. Afortunadamente cuando parecía que
Alcalá ya no olería más a militar, vuelve a ser
considerada, tras la desmantelación de la
operación Campamento, aunque ahora son otros
tiempos y es difícil ver los uniformes en los
trenes, en la "Continental" o paseando por la
ciudad.
Ya
no hay olor a rancho, a heno, a excremento de
los caballos, al sudor de hombres y bestias,
pero Alcalá siempre unirá su historia con la
Historia Militar, por este motivo sería muy
interesante recabar todos los apoyos de la
Institución Militar para crear un museo donde
las nuevas generaciones conozcan el devenir
histórico de Alcalá vinculado al Ejército, y es
que fondos hay, y muchos.
Ignacio Sánchez