Madrid.  Lunes 30 de marzo de 2009                                                                       
 
 

Alcalá: Ni curas ni militares

 
 

 

 

 

 
 

Alcalá ya no huele rancho

Las nuevas generaciones de alcalaínos, la mayoría importados de los más variopintos lugares de origen, desconocen la historia de Alcalá de Henares. Mientras que en otras ciudades y pueblos, es asignatura obligatoria el conocimiento de las raíces que han formado el emplazamiento donde has decidido vivir, ya sea por origen o por inmigración. Alcalá de Henares constituye, todavía, hoy en día, una asignatura demasiado pendiente.

Y precisamente lo que estas nuevas generaciones ignoran, es la importancia que Alcalá ha tenido en la milenaria historia de España. Esta culpa por otro lado había que repartirla, ya que tampoco las diferentes y variopintas corporaciones municipales han demostrado tener el mínimo interés de poner al alcance de la ciudadanía la creación de un museo de la ciudad, y del ejército en particular.

Si el potencial turístico de Alcalá se basa en Cervantes, Cisneros y su Universidad, con sus colegios mayores y menores, sus conventos y sus órdenes religiosas, parece que tocar la importancia que Alcalá ha tenido en la cuestión militar sea tabú, en muchos casos se ignora y en otros se menosprecia.

Y es que Alcalá, hasta que la industrialización llegó, olía a militar, y en muchos casos apestaba.

Alcalá, vivía, bajo el olor del rancho, del heno y de los excrementos de los caballos, del cuero de los correajes, del sudor de personas y animales, pero también del incienso de sus iglesias y conventos. Alcalá era una ciudad triste, gris, a la que ponía su punto de bullicio la presencia del estamento militar, Alcalá estaba concebida, para y por lo castrense. Durante dos siglos se convirtió en plaza militar de primer orden, y los militares de Alcalá contribuyeron a llevar el nombre de nuestra ciudad por los más variopintos y exóticos lugares del mundo.

El origen de los asentamientos militares en Alcalá, han sido una constante en toda su historia, romanos, visigodos, árabes, reyes cristianos, hasta el Cardenal Cisneros tenía su propio ejército, pero realmente una permanencia indefinida solo comenzó a gestarse a inicios del siglo XIX, los ejércitos que hasta entonces se establecían en nuestra ciudad o estaban de paso o como guarnición del Rey de turno que tomase aposento en el Palacio Arzobispal.

Fue, precisamente la decadencia de la Universidad y con ella la de Alcalá, la que iba a abrir las puertas de sus casas, colegios y conventos a las instalaciones militares, más o menos permanentes.

Nada más comenzar el siglo XIX, Godoy había efectuado una división provincial que llevó a Alcalá a depender administrativamente de la provincia de Madrid, hasta entonces dependía de Toledo, aún así la relación jurídica y eclesiástica se mantuvo unos años más, hasta que las Cortes de Cádiz, al suprimir los señoríos terminó definitivamente con la relación Alcalá-Toledo.

El 11 de julio de 1803, S.M. El Rey Carlos IV promulgó una nueva Ordenanza del Real Cuerpo de Ingenieros, redactada siguiendo la propuesta del capitán general don José de Urrutia y de las Casas, de la creación del Regimiento Real de Zapadores Minadores, su instalación tuvo lugar en el Colegio Máximo de Jesuitas, así como la creación de la Academia de Ingenieros donde los oficiales del Cuerpo recibiesen la información necesaria para el desempeño de su servicio.

Para sede de la Academia se eligieron los conventos de San Basilio, de la Merced Calzada, y Manriques. Para ello tuvieron que desalojar a los frailes e instalarles a los del primero en el Colegio de Aragón, a los del segundo en el de Aragón y los terceros en el de Los Manchegos.

Según la nueva Ordenanza, el mando de la Academia lo ejercía el coronel jefe del Regimiento Real de Zapadores, inaugurándose esta el 1 de septiembre de 1803.

Hasta el año 1808 salieron de la Academia de Ingenieros, un total de 87 oficiales que con la invasión francesa y posterior estallido de la Guerra de la Independencia, tuvieron multitud de vicisitudes.

Y es que el Regimiento Real de Zapadores Minadores, fue la primera unidad española organizada que, con su bandera al frente, se levantó contra los franceses.

Desde el 2 de mayo los ingenieros de Alcalá de Henares supieron de deserciones numerosas, hasta en grupos de cincuenta individuos, entre los Regimientos de Guardias Españolas y Walonas y otros cuerpos de guarnición en Madrid. Pero hasta la fecha ninguna unidad había desertado de forma organizada.

El regimiento de Zapadores, por aquel entonces, solo contaba con dos compañías en el acuartelamiento, las otras ocho compañías estaban agregadas a diferentes ejércitos en la Península y en el ejército del marqués de Romana en Dinamarca.

Las dudas sobre la situación existente en España y con el gobierno de la nación, hizo que tras diversas discusiones, entre jefes, oficiales y suboficiales, se tomase la decisión el día 24 de mayo de 1808 a las doce de la noche de proclamar su independencia contra Napoleón y sus representantes.

La columna se puso en marcha a tambor batiente, en correcta formación con la bandera del primer batallón desplegada. Se dirigieron por el puente de piedra a Villalbilla, camino de Almonacid. Seguían a la columna algunos carros y acémilas que conducían la caja de caudales del Regimiento, la munición, el resto del armamento y las herramientas. A ellos se unieron más tarde parte de los profesores y alumnos de la Academia de Ingenieros, mientras otros se dirigían más tarde a diversas plazas de España, con lo que la Academia de Ingenieros quedó disuelta de hecho.

A finales de junio de 1818, no llegaron hasta Alcalá tropas francesas, su misión era la requisa de armas de los civiles y hacer una demostración de fuerza, instalándose en el acuartelamiento dejado vació por el Regimiento de Zapadores Minadores.

Tras la victoria española en la batalla de Bailen, los franceses se replegaron a la línea del Ebro. Esta circunstancia fue aprovechada por el Duque del Infantado para efectuar una recluta de mozos. Quedando acuartelados en Alcalá, los Voluntarios de Madrid, que habían tomado su nombre del regimiento de Voluntarios de Estado, algunos de cuyos hombres al mando del teniente Jacinto Ruiz, se habían unido a artilleros y paisanos en el cuartel de Monteleón en los sucesos del 2 de mayo.

Tras las victorias francesas de Gamonal y Espinosa de los Monteros, los franceses se presentaron en Alcalá el 3 de diciembre por la Puerta de Madrid, infringiendo una severa derrota a la escasa defensa alcalaína.

Las tropas de Napoleón, se instalaron en el Palacio Arzobispal y en el convento de las Bernardas, cuyas monjas fueron expulsadas.

Hasta su evacuación definitiva en 1813, las tropas francesas impusieron el régimen del terror entre la población, dedicándose al saqueo y pillaje, expolio y destrucción de iglesias y conventos. Entre sus hazañas, la mutilación del sepulcro del Cardenal Cisneros.

Cuando definitivamente Alcalá volvió a la normalidad con la liberación de la ciudad por las tropas de Juan Martín, El Empecinado en la escaramuza del puente Zulema el 22 de mayo de 1813. Las tropas españolas volvieron a retornar a sus antiguos cuarteles.

El de Zapadores a los jesuitas y la Academia de Ingenieros a Basilios y colegios contiguos.

Alcalá seguía siendo una ciudad triste y económicamente hundida.

Por su parte la Universidad que había visto como un decreto de las Cortes de Cádiz suprimía la fundación cisneriana y creaba una Universidad Central en Madrid, que por otra parte, resultaba paradójico que el absolutista Fernando VII dejara sin efecto tal disposición, había adoptado una posición liberal, confraternizando con la Academia de Ingenieros.

Tras el pronunciamiento de Rafael de Riego, la restauración de la Constitución de Cádiz fue celebrada en Alcalá con gran solemnidad, asistiendo los profesores y oficiales del Regimiento Real de Ingenieros, precedidos de la música de esta unidad, acompañados por el Rector de la Universidad de Alcalá que les acompañó con manto, beca y bonete.

El breve período liberal terminó en 1823. Con ocasión de la llegada de los Cien Mil Hijos de San Luís al mando del duque de Angulema, el 8 de abril de 1823 la Academia de Ingenieros se trasladó a Granada, siendo posteriormente disuelta por Real Orden de 27 de septiembre de 1823 y sus alumnos y profesores enviados a casa.

Tras el traslado de la Universidad a Madrid y las posteriores desamortizaciones, Alcalá perdería peso y habitantes, convirtiéndose en un poblacho viejo, triste y desvencijado.

Con el acuerdo de las leyes y reglamentos desamortizadores los edificios que se consideraran necesarios para el Estado, podrían ser solicitados por el mismo.

El colegio de agonizantes, actual Ayuntamiento, que fue utilizado por la Guardia Civil y Milicia Nacional, en 1861, fue sede del Batallón Provincial de Caballería hasta 1868.

Anteriormente en 1837, por disposición de la Secretaría de Hacienda, el Estado cedía para Depósito General de Caballería los conventos de Jesuitas, San Diego, Santo Tomás y San Basilio.

En 1842 se creó en Alcalá el Establecimiento Central de Instrucción de Caballería.

El convento de Mínimos se convirtió en Hospital Militar hasta 1971.

Los conventos de San Diego y de San Bernardo, junto al colegio de Santa Balbina fueron demolidos para construir, el Cuartel del Príncipe de Asturias y el de Lepanto.

El Colegio Máximo de la Compañía de Jesús, se convirtió en el cuartel de Mendigorría y por sus estancias pasaron diferentes tipos de armas, hasta finalizar su uso militar albergando a la brigada paracaidista. El convento de San Basilio, acogió tropas de caballería e infantería, posteriormente fue remodelado para transformarlo en parque de material de campaña, con talleres para la reparación de vehículos militares de Intendencia, anejo tenía un hospital de ganado, que se mantuvo hasta 1960.

El convento de Caracciolos, paso en 1856 a convertirse en centro de Intendencia Militar.

En la Trinidad Descalza, hasta hace bien poco fue sede de la Comandancia Militar, habiendo sido, sede del primer casino militar, escuela de clases de tropa del Depósito Militar de Caballería y posteriormente Archivo y Repuesto General del Arma.

El convento de la Merced Descalza en la calle Empecinado, se utilizó como escuela de equitación y en su iglesia fue habilitado un picadero. Desde 1905 fue sede del Depósito de Sementales, hasta su traslado a Ávila, hace pocos años.

El convento El Carmen Calzado fue sede de caja de reclutas y cuartel para tropas de reserva.

La desdichada historia de Alcalá en el siglo XIX, con el traslado de la Universidad a Madrid, deja a nuestra ciudad en 1842 con 834 vecinos. Esteban Azaña, en su historia de Alcalá lo relata perfectamente:

El estado de la ruina de Alcalá, en cuyas calles crecía la hierba como en el campo, cuyo sombrío y triste aspecto, al que contribuían la soledad de sus edificios, daban a la ciudad el tiente de un pueblo encantado; por doquiera ruinas, por doquiera edificios abandonados y casas deshabitadas, hacía predecir la despoblación de Alcalá, o cuanto

menos su reducción a la extensión de una pequeña villa, y hasta el plañir de las campanas de su iglesia Magistral parecía a los habitantes de aquellos días, sonar tristes y quejumbrosas ante desdicha tanta. La hora de la destrucción de la ciudad ilustre, del pueblo histórico, del que fue la complacencia de Cisneros, parecía haber sonado el reloj de los tiempos.

No sabemos si en ese censo estaría los militares integrados en la guarnición de la plaza, suponemos que no, dado el volumen de fuerzas existente.

Si bien Alcalá de Henares había alojado a la Academia de Ingenieros, el Arma de Artillería también iba a tener su sede en nuestra ciudad, el colegio de Artillería fue establecido en los edificios del Colegio de San Ciriaco y Paula, junto con el colegio de los Manriques. Tras importantes reformas, las clases dieron comienzo en enero de 1830. En esta situación, se aprobó como dato curioso, el único Reglamento del Real Colegio de Artillería en el cual se cita que "los oficiales de las compañías de Caballeros Cadetes, vivirán precisamente dentro del Colegio y no podrán ser casados, ni viudos con hijos".

Como Alcalá dada su guarnición militar, entraba en todas las posibles confrontaciones que se iban a desarrolla en los próximos tiempos, la primera sería la Guerra Carlista, con la amenaza de la ciudad por parte del General carlista Gómez, e incluso con el pretendiente más tarde. Esta situación hizo que el general Espartero acampase en Alcalá veinte batallones de infantería y doce escuadrones de caballería.

Alcalá fue fortificada, y el día 6 de agosto se ordenó el traslado de la Academia de Artillería a Madrid.

Los carlistas al mando del General Cabrera, entraron en Guadalajara el 17 de septiembre de 1837, descendiendo en dirección a Alcalá. Espartero se hizo fuerte en el puente Zulema, y las tropas carlistas decidieron desplegarse hacia Sacedón, con lo cuál Alcalá quedaba completamente al margen de cualquier asedio, aún así la ciudad permaneció durante algún tiempo con una fuerte guarnición militar, en Jesuitas el Regimiento de caballería de Borbón, y en el de San Diego, Húsares de la Princesa y Milicia Nacional.

A mediados del siglo XIX con la estancia, ya permanente de diferentes regimientos en nuestra ciudad, estos se vieron salpicados por los diferentes golpes de Estado que acaecieron en la España "romántica".

Después de 10 años de gobiernos conservadores, en 1854 llegaron los liberales al poder, en Alcalá se reunieron O´Donell, Dulce, Ros de Olano y Mesina, que con las tropas de Alcalá marcharon hacía Madrid para enfrentarse a las tropas del gobierno en Vicálvaro, que pertenecía al partido judicial de Alcalá.

Años más tarde cuando "La Gloriosa", en 1868, el general Prim, no descansó hasta que logró sublevar a la guarnición de Alcalá.

Alcalá de Henares, si antes había sido una Ciudad Universitaria, ahora se había convertido en una ciudad cuartel.

De ello nos da fe, Elías Zerolo en su Diccionario Enciclopédico de la Lengua Castellana.

"De Alcalá puede decirse hoy, que es una colonia militar. En diferentes formas ha tenido varios establecimientos de instrucción del arma de Caballería, el Colegio de Cadetes de esta arma al separarse del Colegio general militar. En este concepto ha tenido importancia en los movimientos políticos-militares de España. De allí salieron los regimientos de caballería que a las órdenes de los generales O´Donell y Dulce hicieron la revolución de 1854, y en el movimiento republicano del 19 de septiembre de 1886, un tren insurrecto con una escolta del regimiento infantería de Garellano, salió de Madrid y llegó a Alcalá de Henares, conducido por un jefe del ejército."

Tampoco deberíamos olvidar los alcalaínos, el paso efímero por nuestra ciudad de la Academia de Caballería, creada por una Real Orden en 1850, situada en el colegio de San Ildefonso, tras la desamortización, y cedido el edificio por la sociedad de Condueños, apenas tuvo recorrido, en 1852 fue trasladada a Valladolid.

La importancia de los regimientos de caballería asentados en los cuarteles de Alcalá, constituían la propia vida de la ciudad, ya que muchos alcalaínos veían una fuente de ingresos su asistencia a las fuerzas armadas, aparte estas estaban complementadas con algunas unidades de infantería, axial como de artillería e ingenieros.

Esta situación se iba a mantener hasta bien entrado el siglo XX, precisamente hasta la reforma efectuada por Manuel Azaña, ministro de la Guerra por aquel entonces.

Que sepamos, a comienzos del siglo XX, Alcalá contaba con el Gobierno Militar, La Jefatura de la segunda Brigada de la División de Caballería, Servicios Administrativos Militares, un hospital militar, el Regimiento de Cazadores de Caballería María Cristina, el 27º de Caballería y el Repuesto General del Arma, los batallones de Cazadores de Infantería de Ciudad Rodrigo, Arapiles y Llerena.

De esta presencia militar siempre se ha beneficiado Alcalá, ya que las autoridades castrenses siempre han estado abiertas al llamamiento de las autoridades civiles para su participación en cualquier acto, sea civil o religioso.

Pero el siglo XX iba a desarrollar otro arma, muy vinculado desde sus inicios a nuestra Ciudad, la Aviación.

En junio de 1913, el ayuntamiento de Alcalá de Henares, cedía al Ministerio de la Guerra, unos terrenos situados en el Campo del Ángel, donde la Caballería hiciera sus maniobras.

El 1 de septiembre de 1913, su jefe, el capitán Alfonso Bayo Lucía, realizaba el vuelo inaugural pilotando un biplano Barman, comenzando así la apertura del aeródromo como escuela de pilotos, aunque hasta el 22 de octubre de 1914, no tendría su verdadera solución a la Escuela, con la ampliación de la pista de prácticas de las fuerzas militares de Caballería, y la construcción de alojamientos para los alumnos.

Las dimensiones del aeródromo según el Atlas de los Aeródromos de España, editada en tiempos de la II República eran de 700 metros de longitud por 600 de anchura.

Se da la circunstancia que el terreno alternaba los ejercicios de Caballería, con el despegue y aterrizaje de aviones. Sus instalaciones en un principio contaban con dos hangares, taller de reparaciones y un barracón para alojamiento de pilotos.

Cuando en 1925 la enseñanza de pilotos pasó a escuelas civiles, Alcalá quedó como la única escuela militar. En 1926 pasó a ser Escuela de Vuelo Elemental de Pilotos Aviadores, compartido con Guadalajara, pero ya en ese año la evolución de la aviación había hecho que las instalaciones del Campo del Ángel, se quedasen obsoletas, iniciándose todo un proceso entre las autoridades militares y municipales para la ubicación de un nuevo aeródromo, teniendo que expresar el propio Manuel Azaña su interés en que la infraestructura aeronáutica se realizase en Alcalá, al estar interesadas otras localidades, y no tener el ayuntamiento complutense especial interés de realizar las expropiaciones forzosas a los propietarios de los terrenos.

Los terrenos elegidos por los Mandos Militares eran los sitios de La Hembra y La Higuerilla, en la carretera de Alcalá a Meco, con una extensión de 130 hectáreas.

Según el Atlas antes citado tendría unas dimensiones de 1.380 metros de longitud por 1.060 de ancho. Con la llegada de la II república y posterior guerra civil, el aeródromo de Alcalá iba a conocer su momento de mayor actividad, por su escuela habían pasado los grandes pilotos de uno y otro bando.

Por otro lado, la reforma de Azaña supuso para Alcalá la desaparición del Depósito de Sementales, de la Caja de Reclutas, y del batallón de Cazadores de Lanzarote. Se creó la 1ª Brigada de Caballería, compuesta de dos regimientos.

Alcalá por su enclave estratégico, cercano a Madrid, se convirtió en la principal reserva del Ejército del Centro durante la guerra civil. Abortado por la llegada de la columna del coronel Puigdendolas el alzamiento de los jefes y oficiales alcalaínos. El 18 de octubre de 1836 se formaron las primeras seis brigadas mixtas del ejército popular, quedando la situada en Alcalá de Henares al mando del comunista Enrique Líster, designando el general Miaja a la ciudad como sede de la fuerza de reserva de Madrid.

Por aquella época estuvo en Alcalá el poeta Miguel Hernández, integrante el batallón del Campesino, personaje especialmente odiado por la población alcalaína, dados sus continuos excesos.

Situado en Alcalá el Cuartel General del Ejército del Centro, a su mando estaba el general Pozas, sustituido en el mando por el propio general Miaja, en desacuerdo con la dirección de las operaciones en la batalla del Jarama.

Alcalá durante el transcurso de la guerra, seguía siendo centro neurálgico de llegada de tropas. Militares y políticos soviéticos se asentaron en nuestra ciudad, que vio como llegaban las mejores y más modernos máquinas de matar conocidas hasta el momento.

Los carros de combate T-26, tenían su maestranza en la fábrica de Forjas, y al aeródromo Barberán y Collar, llegaban los flamantes Polikarpov I-15 e I 16.

El 17 de noviembre de 1937, Manuel Azaña, junto con el presidente del Gobierno Juan Negrín, Indalecio Prieto y el General Miaja, pasa por Alcalá para revistar las tropas de "El Campesino", Según escribe en su diario Manuel Azaña.

..."En la plaza un jefe, con muy elegante uniforme, se me acerca, se cuadra, y derramándosele por la barba una sonrisa meliflua: "Forman siete mil quinientos", dice. Era El Campesino. La mitad de su división ocupa la plaza, en dos masas... Revista. El aspecto de la tropa es muy bueno, cien veces mejor que el de las revistadas en Vicálvaro. Se lo hago notar al general Miaja. "Es la mejor división del ejército", dice muy satisfecho El Campesino, que me ha oído"...

El golpe de estado del coronel Casado, hizo que se produjeran fuertes enfrentamientos entre las tropas leales al Consejo de Defensa y los comunistas, que quería alargar el conflicto, precisamente las fuerzas comunistas procedentes de Alcalá pusieron en serios apuros a Casado, que solo vio la luz cuando procedentes de Guadalajara llegaron las tropas de Cipriano Mera.

15.000 comunistas quedaron presos en el Manicomio, hasta la llegada de las tropas vencedoras.

Tras la llegada del régimen del general Franco, Alcalá no perdió su condición militar, establecieron nuevos lazos de cooperación entre las autoridades militares y civiles

En 1941 se estableció otra vez el Depósito de Sementales y las instalaciones del Manicomio, que nunca funcionó como tal, se vieron envueltas en el proyecto de crear la Academia General del Aire, instalada finalmente en San Javier.

Pero si durante dos siglos, Alcalá fue cuna y establo de los mejores ejércitos de Caballería, que en todos los lugares en los que participó llevó siempre por delante el nombre de nuestra ciudad, otro cuerpo emblemático iba a "aterrizar", y nunca mejor expresado en nuestra ciudad.

En marzo de 1946 fue fundada por decreto la creación de una unidad de paracaidistas. En septiembre llegaron los primeros jefes y oficiales a instalarse en los edificios destinados a albergar La Academia General del Aire, pero estos en fase de construcción, ofrecían una situación precaria.

El 13 de enero de 1947 se denominó Primera Bandera de Paracaidistas, trasladándose a Cuatro Vientos que contaba con mejores instalaciones. Después en Alcantarilla se creaba la escuela de paracaidismo.

En 1948 los paracaidistas de aviación volvieron a Alcalá, instalándose en los edificios concluidos para albergar inicialmente la Academia.

En 1953, se cambio la denominación por la de primer escuadrón de Paracaidistas.

En 1958, Alcalá contaba con los regimientos de caballería de Santiago, Calatrava y Villaviciosa, el depósito de sementales; el Regimiento de Infantería Covadonga, la bandera paracaidista, un destacamento de artillería en los polvorines del Viso, un batallón Mixto de Ingenieros, cuerpos auxiliares de Farmacia e Intendencia y perteneciendo al Ejército del Aire, un ala de reconocimiento y los paracaidistas de Aviación.

Las fuerzas de caballería que tan vinculadas han estado a la historia de Alcalá, y cuyo último asentamiento en los terrenos y edificios del Manicomio han dejado la perpetua memoria de su presencia en el nombre del cuartel, el coronel Fernando Primo de Rivera, heroicamente muerto en África, al mando del regimiento de caballería Alcántara, dejaron paso en 1966 al Centro de Instrucción de Reclutas nº 2.

Por otra parte el año 1965, veía como erradicado el aeródromo de Alcalá, al establecerse en Torrejón de Ardoz uno mas grande y más moderno, acorde a las peticiones de los EEUU en sus acuerdos con el gobierno Español.

Pero si una unidad ha estado especialmente relacionada con la vida de Alcalá en los últimos años ha sido la Brigada Paracaidista, que desde su fundación hasta el traslado al acuartelamiento de Paracuellos, ha visto como sus uniformes verdes se integraban en el paisaje de la ciudad.

La creación de las Fuerzas Paracaidistas del Ejército de Tierra español se remonta al 17 de octubre de 1953, siendo Ministro de la Guerra, el general Muñoz Grandes.

Se le encomienda la misión al ilustrísimo señor comandante don Tomás Pallás Sierra, que junto a 8 oficiales, 12 suboficiales y 149 de tropa formarán el primer curso de paracaidista, nace la I Bandera Paracaidista y recibe el nombre de "Roger de Flor", en memoria del caudillo almogávar al servicio de la Corona de Aragón durante el siglo XV.

Después de varias semanas de entrenamiento, el 23 de febrero de 1954 se realiza el primer salto en paracaídas del Ejército de Tierra, desde aviones Junker y Savoia, utilizándose paracaídas modelo T-6.

El día 16 de marzo finaliza el curso y el 18 reciben los preciados "roquisquis" en un acto presidido por el capitán general de la II Región Militar.

En el mes de enero de 1956 se crea la Agrupación de Banderas Paracaidistas, siendo designado como jefe de la misma el teniente coronel de infantería don Ignacio Crespo del Castillo y se inicia la organización de la II Bandera, que toma el nombre de "Roger de Lauria".

El 3 de julio se desarrollan acontecimientos que condicionaron la actuación de estas fuerzas, el Ejército de Liberación marroquí que había participado en la independencia contra los franceses, se integra en el Ejército Real, a excepción de los grupos más extremistas que se negaron, decidió entonces el Gobierno de Rabat enviarlos al sur para potenciar las reivindicaciones territoriales de Mohamed V.

La agresión que fueron objeto las provincias africanas en el año 1957 permite contrastar la valía real de las nuevas Unidades. El "bautismo de fuego" se produce el 16 de agosto de aquel mismo año en TIGUISIT IGURRAMEN.

La guerra comienza realmente al amanecer del 23 de noviembre, con las operaciones de Palmera, Pañuelo, Netol, Gento, Diana, Siroco y Pegaso, esta operación dio lugar al segundo y último salto de guerra sobre Ercunt.

En estas operaciones perdieron la vida una treintena de paracaidistas entre oficiales y Caballeros Legionarios Paracaidistas.

La III Bandera de Paracaidistas se crea en 1960 sobre la base de 230 paracaidistas de la Primera Bandera (1ª y 2ª Cia,s), es bautizada con el nombre de "Ortiz de Zárate", en memoria del teniente de la 6ª Compañía muerto en Ifni.

En marzo de 1961 un grupo de técnicos civiles dedicados a las prospecciones petrolíferas del Sahara son secuestrados por bandas descontroladas, comienza "el conflicto de los petrolitos". Se traslada la II Bandera hasta la ciudad de Smara, mientras se toman posiciones y se organiza su actuación es trasladada la I Bandera hasta El Aiún. Las dos unidades paracaidistas colaboran con La Legión y las Tropas Nómadas con una presencia ágil, discontinua y disuasoria que hacen que el territorio recupere su normalidad, finalizada esta etapa las tres Banderas sufrirán rotaciones continuas entre la Península, Canarias y el Sahara.

En septiembre de 1961 se crea en Murcia la Unidad de Depósito e Instrucción Paracaidista bajo el mando del capitán Calvo Fernández.

En febrero de 1965 se organiza la Brigada Paracaidista del Ejército de Tierra. Toma como base y núcleo las tres Banderas ya existentes, integra en ellas elementos de todas las armas combatientes, así como los órganos de Servicios, que garantizan un apoyo logístico autónomo.

El 14 de febrero de 1968 se concede a la Unidad la Enseña Nacional, que será entregada el 2 de mayo por el alcalde de Alcalá de Henares en un solemne acto que contó con la presencia de los Príncipes de España.

En 1972 durante los incidentes que desembocaron en la entrega por parte de España de los territorios del Sahara y que finalizan con la llamada "Marcha Verde", es atacado el puesto de Hausa, guarnecido por una unidad de la III BPAC, resultando muerto el cabo 1 ª Ibarz Catalán.

En 1991 la I Bandera paracaidista participa en la operación A/K en ayuda del pueblo de Kosovo.

En 1993, la AGT Madrid, creada sobre la base de la BRIPAC permanecerá en Bosnia y Herzegovina, bajo el auspicio de Naciones Unidas.

La Brigada vuelve a los territorios de la antigua Yugoslavia en mayo de 1996 formando el grueso de SPABRI II, bajo mandato de naciones Unidas formando parte de IFOR (Fuerza de Implementación de Paz), contribuyendo al esfuerzo de conseguir la paz en estas tierras balcánicas. Permaneciendo hasta diciembre de ese mismo año.

En 1999 La Brigada paracaidista realiza su última misión en BiH formado SPABRI X.

En el año 2000, la III Bandera paracaidista y la Uzapac VI formó el grueso de KSPABAT II y KUING II, en Kosovo, formando parte de la Brigada Multinacional Italiana.

De septiembre de 2.001 a marzo de 2.002 la II BPAC y UZAPAC volvió a Kosovo.

Tras la supresión del C.I.R. nº 2 en 1980, diversas unidades de la Brigada se trasladaron al acuartelamiento Primo de Rivera abandonando los cuarteles de Mendigorría y Trinitarios, manteniéndose en los cuarteles del Príncipe y Lepanto.

Una vez finalizada la construcción del nuevo acuartelamiento de Paracuellos, abandonaron estos cuarteles, siendo cedidos a la Universidad, estando actualmente en fase de reconstrucción.

En cuanto al acuartelamiento Primo de Rivera, una vez desalojados los últimos paracaidistas, La III Bandera Ortiz de Zárate fue trasladada a Murcia, el centro está en fase de remodelación y acondicionamiento, ya que si se esperaba que Alcalá definitivamente dejase la presencia militar, un reciente decreto del Ministerio de Defensa de 5 de enero de 2009, modifica la estructura orgánica y despliegue de la Fuerza del Ejército de Tierra, de la Armada y del Ejército del Aire, así como la Unidad de Emergencias.

Esta nueva organización y despliegue acorde a lo establecido en la Orden Ministerial 114/2006 de 18 de septiembre, estable que en Alcalá de Henares se sitúe el Cuartel General de Las Fuerzas Ligeras, dentro del Cuartel General Terrestre de Alta Disponibilidad, así como el Regimiento de Transmisiones.

Su base será el acuartelamiento Primo de Rivera.

Habría que destacar, que el acantonamiento durante más de dos siglos de tropas en Alcalá, nos han ofrecido, su casino, su farmacia, su hospital, su residencia de oficiales, de suboficiales, su hípica y sobre todo la conservación de antiguos colegios y conventos que después de las diferentes desamortizaciones habrían podido quedar en la ruina y en el olvido. Afortunadamente cuando parecía que Alcalá ya no olería más a militar, vuelve a ser considerada, tras la desmantelación de la operación Campamento, aunque ahora son otros tiempos y es difícil ver los uniformes en los trenes, en la "Continental" o paseando por la ciudad.

Ya no hay olor a rancho, a heno, a excremento de los caballos, al sudor de hombres y bestias, pero Alcalá siempre unirá su historia con la Historia Militar, por este motivo sería muy interesante recabar todos los apoyos de la Institución Militar para crear un museo donde las nuevas generaciones conozcan el devenir histórico de Alcalá vinculado al Ejército, y es que fondos hay, y muchos.

Ignacio Sánchez

 

 
 

 
 

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