AlcaláDigital
14 de abril de 2014

 


La guerra de las banderas
 
   
 
 
         

 
 

AlcaláDigital.- Que el informe PISA (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes) califique la educación que reciben nuestros escolares como una de las más baja de la Unión Europea a pesar de dedicar a la educación un 3 por ciento más del PIB que países como Holanda o Finlandia es más que significativo.
Esta circunstancia viene a colación en estas fechas con la apasionada defensa de la República que los partidos de izquierda donde exhiben s banderas de la II República).

La tricolor no deja ser una bandera preconstitucional, igual que si a la actual bandera la plantan el águila de San Juan de los Reyes Católicos que adoptó el general Franco para identificar su régimen. Una y otra carecen de representatividad e igual son de censurables. La iletrada  izquierdas suele hacer apología de la República desplegando una bandera que asumen como propia, al igual que hacen con el sistema.

 La República es un sistema político, no es un patrimonio de la izquierda. En una República conviven al igual que en la Monarquía Parlamentaria partidos de cualquier idea política.

En España el sectarismo de la izquierda hace apología del republicanismo haciendo uso de una bandera, que desgraciadamente trajo a España años de penuria, enfrentamientos y lo que es más grave una guerra. En España los dos intentos de consolidación republicana acabaron en fracaso, pero hay que recordar que la primera república no modificó los colores de la enseña nacional.

Vicente Rojo, a la sazón Jefe del Estado Mayor del Ejército Popular de la República, condecorado con la Placa Laureada de Madrid (máxima distinción militar otorgada únicamente en cuatro ocasiones) fue claro y contundente en sus reflexiones desde el exilio:

“La cuestión de la bandera es uno de los motivo que estúpidamente dividen a los españoles y que tiene su origen en la conducta mezquinamente partidaria de nuestros políticos”


“El cambio de la bandera hecho por la República constituyó un grave error:


Porque no respondía a una aspiración nacional, ni siquiera popular. La bandera republicana era desconocida por la inmensa mayoría de los españoles”.


Porque se reemplazaba una bandera nacional por una bandera partidaria y con ello se dividía España”.


Porque no era necesario y consecuentemente solo podía producir complicaciones como ha sucedido”.


La bandera (rojigualda) que teníamos los españoles no era monárquica, sino nacional. La bandera de los Borbones fue blanca; la bandera real era un guión morado”.
En cambio la bandera bicolor como enseña nacional fue creada por las Cortes españolas en plena efusión de liberalismo, constitucionalismo y democracia. Se tomaron colores españoles que venía usando tradicionalmente la Marina de guerra que dieron tono a los guiones de los Reyes Católicos (rojo) y de Carlos I (amarillo); que eran también los colores de una enseña tradicional en Aragón, Cataluña y Valencia”.


“El pueblo no anhelaba incorporar a la bandera el color morado de Castilla. No podía anhelarlo porque la masa del pueblo español ignoraba que el morado fuese el color de Castilla”. (De hecho es carmesí).


“Los republicanos de la I República quisieron introducir su bandera partidaria y crearon la bandera llamada republicana. Esta no llegó a tener estado oficial y ni siquiera se popularizó. Nació, según Emilio Castelar, (último presidente de la I República). En la Universidad de Barcelona, fundiendo tres colores de tres facultades. No pudo pues tener esa bandera un origen más arbitrario. Por eso no llegó a ser bandera oficial, ni nacional, ni popular. Los primeros republicanos, más sensatos que los segundos, no impusieron el cambio”.


“Ni inamovible, ni imperdurable, ni eterna es la bandera tricolor porque no ha nacido del pueblo, sino de una minoría sectaria”.
“No crearon pues un símbolo nacional que ya estaba creado con ese carácter sino uno de lucha partidario, haciendo prevalecer a las ideas de la Nación y Patria las de la República”.
“Hoy lo españoles están divididos en torno a dos banderas: tal es el fruto de aquel error(…).”
“Hay un manifiesto artificio. La injusticia de las persecuciones nada tiene que ver con los colores de la bandera de España. Algunos se apoderaron del grito de ¡Viva España! Y se colgaron en sitio bien visible un crucifijo para proceder en nombre de Dios y no por eso los españoles debemos de dejar de gritar ¡Viva España! Ni los que sean católicos o sean protestantes deben renegar de la moral cristiana.”

Hace dos años se conmemoró el bicentenario de las Cortes de Cádiz, quienes crearon una unidad cívica para defenderla: la Milicia Nacional. Pues bien, la bandera de esa Milicia era la bandera rojigualda, 23 años antes que la estableciera el decreto de Isabel II. Esa fue la bandera de la I República. Y fue la bandera con la que se envolvió a su muerte el cuerpo de Nicolás Salmerón, su tercer presidente, uno de los fundadores de Solidaridad Catalana.

Y siguiendo el camino para los iletrados republicanos de izquierdas, decirles que Niceto Alcalá Zamora, presidente de la II República desde el 10 de diciembre de 1931, hasta el 7 de abril de 1936 pertenecía al partido Derecha Liberal Republicana, persona católica y de misa diaria. Que cosas, no.



 
 
 
         
 
 
 

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